martes, 15 de junio de 2010

DIFERENTES MIRADAS SOBRE III CONFERENCIA MUNDIAL SOBRE TRABAJO INFANTIL

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) prepara el informe sobre la intensificación de la lucha contra la explotación laboral infantil, para presentar en la Conferencia Internacional en la Haya el próximo mes, y en donde planea poner en evidencia las peores formas de explotación laboral infantil que se producen en el mundo. En un comunicado, la OIT adelantó que el informe presentará también los desafíos que aún persisten para alcanzar el objetivo de eliminar las peores formas de explotación laboral infantil para 2016, objetivo establecido por la OIT en 2006, cuando presentó una evaluación mundial sobre la situación de la explotación laboral infantil. Señala que la explotación laboral infantil es una consecuencia de la pobreza. La III Conferencia mundial sobre explotación laboral infantil de La Haya en mayo próximo la organiza el Ministerio de Asuntos Sociales y del Empleo de los Países Bajos en colaboración con el Programa Internacional para la Erradicación del Trabajo Infantil de la OIT (IPEC) y en cooperación con el Banco Mundial. El objetivo principal de la Conferencia es fortalecer el movimiento mundial para lograr la ratificación universal de los Convenios relativos a la edad mínima, las peores formas de explotación laboral infantil y para avanzar en los esfuerzos para alcanzar la meta de 2016.

Igualmente, la Conferencia ofrecerá una oportunidad tanto a países como a organizaciones de trabajadores, de empleadores, organizaciones no gubernamentales y otras partes interesadas, para discutir sobre buenas prácticas y lecciones aprendidas en la lucha contra las peores formas de explotación laboral infantil, así como a considerar una “Hoja de Ruta” que describa los pasos concretos para alcanzar la meta de 2016.

LAS PROPUESTAS DE LOS MOVIMIENTOS SOCIALES NATS

Hay la grave contradicción que la Organización Internacional del Trabajo OIT excluya los movimientos sociales NATs del debate sobre esta conferencia mundial. El Movimiento Latinoamericano de Niños, Niñas, Adolescentes Trabajadores MOLACNTS (www.molacnats.org ) ha difundido un comunicado donde subraya que “alzamos la voz como movimiento de NATs organizados en América Latina y el Caribe para protestar por la falta de respeto demostrada por los organizadores de la conferencia de La Haya al no invitarnos -ni siquiera informarnos- a participar ni en la preparación ni en la propia conferencia. El MOLACNATs es un movimiento social que desde hace más de 30 años ha sido un espacio donde las niñas, niños y adolescentes trabajadores se han organizado para llevar a cabo acciones colectivas con el objetivo de la defensa y promoción de los derechos de todas las niñas, niños y adolescentes, particularmente en la lucha por el reconocimiento social, cultural, político y económico, así como por la dignificación de las condiciones de vida y trabajo de la infancia trabajadora y el reconocimiento de la infancia en general como sujetos y actores sociales de derecho.

Es inaceptable que nosotros, legítimos representantes de las niñas, niños y adolescentes trabajadores organizados de América Latina y el Caribe, hayamos sido ignorados en la convocatoria de esta conferencia puesto que se van a discutir temas que atañen directamente a nuestra realidad. La presencia únicamente de adultos, en su mayoría muy alejados de la realidad de nuestras vidas, confirma una vez más que sigue vigente una mirada adulto-céntrica de las niñas, niños y adolescentes trabajadores y que la participación de la infancia y adolescencia queda sólo en las buenas intenciones y en los documentos jurídicos.
Denunciamos la violación de nuestro derecho de participar como niñas, niños y adolescentes conforme al artículo 12 de la Convención sobre los Derechos del Niño y, particularmente considerando las observaciones y recomendaciones del Comité de Ginebra sobre la importancia del cumplimiento de este derecho.

Más de 30 años defendiendo como movimiento nuestra firme posición en la lucha y en la denuncia frente a la explotación laboral de millones de niños en el mundo, a la vez que mantenemos nuestro total rechazo a los convenios de la OIT C. 138, sobre la edad mínima para trabajar, y al mismo tiempo reafirmamos nuestras críticas y oposición al convenio182 C. 182, sobre las peores formas de trabajo infantil, y a su programa IPEC:

Ante el C. 138,
- consideramos que la edad mínima para trabajar es discriminatoria y excluyente para los niños que están por debajo de los 14 años. Este convenio condena a la ilegalidad e informalidad y expone gravemente a miles de niñas y niños a la explotación
Ante el C. 182,
- que considera la utilización, el reclutamiento u oferta de niños para la prostitución, la producción de pornografía o la utilización de niños para la realización de actividades ilícitas, en particular la producción y el tráfico de estupefacientes, como peores formas de trabajo infantil, opinamos que esta situaciones son delitos y una flagrante violación de los derechos humanos de las niñas y los niños. Está claro que nosotros también estamos en contra de todo ello, pero confundirlo con el “trabajo” es operación que produce peligrosas confusiones y se traduce en prácticas que son tan sólo represivas y no de real creación de alternativas liberadoras.

Nuestro movimiento ya se manifestó oportunamente con su presencia en las conferencias preparatorias de Ámsterdam y Oslo (1997) sobre el C.182 alertando sobre las implicaciones negativas que dicho convenio traería para miles de niñas, niños y adolescentes trabajadores, cuya ratificación ha dado lugar al diseño de políticas represivas en algunos de nuestros países, criminalizando la realidad social, cultural y económica de la gran mayoría de nuestras familias. Las permanentes redadas, la persecución y la estigmatización del trabajo de las niñas, niños y adolescentes de sectores populares en países como Colombia, Perú, Paraguay, Guatemala, son claros y lamentables ejemplos de los resultados de todas estas políticas de “mano dura”.

La falta de objetividad de estos organismos internacionales, que continúan negando nuestra dignidad con frases como: “el trabajo infantil es un impedimento para el desarrollo” o “sin erradicar las peores formas de trabajo infantil no se alcanzarán algunos de los principales objetivos del desarrollo del milenio”. Con expresiones de este tipo se pretenden ocultar las verdaderas razones de la crisis económica, social y política que históricamente han vivido nuestros pueblos como resultado del modelo económico neoliberal, que está condenando a millones de niñas, niños y adolescentes a la pobreza, marginación y exclusión. La próxima conferencia de La Haya supone un espacio más donde se refuerzan estas tesis.
Proponemos desde nuestros espacios organizativos, en tanto que niñas, niños y adolescentes trabajadores que conocemos la realidad de la infancia trabajadora en América Latina y el Caribe, aportar y proponer programas de educación y trabajo que servirán para formarnos como productores y ciudadanos.

Exigimos:
- Que se nos reconozca como actores sociales, sujetos políticos y económicos por parte de los organismos internacionales y la sociedad en general. (Que se nos invite sin más dilación a participar en los debates y en la redacción de los textos de la próxima conferencia de La Haya)
- Que se nos tome en cuenta en la elaboración de políticas públicas que nos afectan.
- Que se nos consulte siempre, para que las políticas sociales que se implementen sean integrales y cooperen al desarrollo de nuestras capacidades y habilidades para así superar la situación de exclusión y marginación en que vivimos en muchos países del Sur.
- Que los estados inviertan en educación, salud, alimentación, recreación y en la defensa del medio ambiente, en vez de priorizar el pago de la deuda externa.
- Que se escuchen y se tengan en cuenta nuestras propuestas a favor de una economía solidaria donde se desarrollen relaciones sociales y de producción que no atenten contra la dignidad del ser humano, que protejan el medio ambiente y promuevan la solidaridad de los pueblos.
Hacemos un llamado a las organizaciones de trabajadoras y trabajadores, a las organizaciones campesinas, indígenas, afroamericanas, de estudiantes, de mujeres, de intelectuales, a los gobiernos progresistas del mundo, a ser solidarios con nuestro llamado y a no ser sumisos ante los organismos internacionales y sus pretensiones de control con programas y políticas que, disfrazados de buenas intenciones, no hacen sino reproducir un sistema de explotación de los seres humanos.
Reivindicamos una vez más nuestro reconocimiento como niñas, niños y adolescentes trabajadores para lograr el deseo manifestado por un compañero niño trabajador: “queremos hacer posible la felicidad de una infancia que camina junto con los adultos y con toda la sociedad en general para hacer de este mundo una casa grande al alcance de todos”
¡Sí al trabajo digno, no a la explotación! ¡Sí a la igualdad, no a la discriminación! ¡Sí al trabajo protegido, no al maltrato y al abuso!”, concluye el comunicado del Molacnats lanzado desde el secretariado continental en Barquisimeto (Venezuela) el día 6 de abril del 2010.

NECESIDAD DE UN PENSAMIENTO CRÍTICO Y COMPLEJO

En los últimos tiempos ha crecido de forma exponencial el clima de estigmatización de los niños, niñas y adolescentes trabajadores, NNATs. Dos ejemplos patentes: 1) las niñas menores de 18 años que trabajan en hogares de terceros, es decir a las que se les llama empleadas domésticas o trabajadoras del hogar; 2) el caso de los niños y niñas que trabajan en el campo como agricultores, así como los NNA de los pueblos indígenas. El discurso que sustenta esta política es denominar a estas actividades laborales como formas modernas de esclavitud. Es decir, al igual que hace siglos cuando en la época de la Colonia se establecieron las servidumbres, las encomiendas.

Ninguna alusión al sistema que genera y hace perdurar esta forma de explotación. ¿Por qué? Hoy la persecución en la ciudad ha devenido en un permanente atentado contra las criaturas que intentan sobrevivir como vendedores, pequeños comerciantes o en pequeños negocios propios, por parte de instituciones que deberían protegerlos en un estado de derecho como el que se dice vivir. Policías, serenazgos, son los últimos eslabones de la cadena de autoritarismo que el sistema económico y social generan para no romper el orden establecido.

En una mirada a futuro todo parece indicar que esta situación no variará sustantivamente, por el contrario, se ha establecido la obligación de contar a todo nivel (nacional, regional, local) con planes de erradicación del mal llamado trabajo infantil. En este escenario la vida cotidiana de los NNATs enfrentará nuevos conflictos, sanciones.

En este escenario debe considerarse que en el mes de mayo de 2010 en La Haya – Holanda, se realizará una Conferencia Mundial sobre el trabajo infantil “Hacia un mundo sin trabajo infantil – Pasos hacia 2016” para definir la hoja de ruta para erradicar el trabajo infantil hasta 2016. El panorama se presenta difícil y sombrío para los NNATs en el país.

La presente Hoja de Análisis y Reflexión (http://www.ifejants.org/analisisyreflexion/) quiere contribuir a realizar un trabajo de esclarecimiento y construir un discurso que reconozca y valore el trabajo infantil por ser un derecho de la persona, de acuerdo a su edad, situación social y al grado de desarrollo de su localidad y región.

La Hoja de Análisis y Reflexión editará de manera regular durante once (11) semanas un pequeño informe que sirva no sólo de información sino que promueva el estudio de la problemática de niños, niñas y adolescentes trabajadores y alcance a quienes están interesados en saber que existen otras formas de ver y de tratar el fenómeno social de los NNATs y que se nutre de una larga historia de los movimientos de NNATs surgidos hace 34 años en el Perú.

Consideramos que es importante formar una corriente de opinión alternativa que dando “una mirada otra” genere un saber político y social sobre una realidad patente en nuestro país: los y las NNATS. Un colectivo de colaboradores y colaboradoras -de Perú, América Latina y Europa- comprometidos con la problemática infantil y adolescente alcanzará sus análisis y reflexiones nutridas en el arte de comprender y enriquecer la opinión del otro, en la perspectiva de construir un mundo más humano y más solidario, donde la inclusión sea auténtica y no un mero discurso, concluye esta primera análisis del Instituto Latinoamericano de Formación IFEJANT de Lima que cuenta con el apoyo de Alejandro Cussianovich, experto a nivel mundial y profesor de la Universidad San Marcos de Lima.

Elizabeth Patiño Durán, Vice-Ministra de la Familia e Juventud del Gobierno de Bolivia (2003-2005) y actualmente coordinadora de la ONG “Terre des Hommes” TDH-Alemania a nivel andino, desde Cochabamba comenta al Observatorio SELVAS que “dentro de unas semanas, se realizará un evento convocado por el gobierno de Holanda para la Asamblea Anual de la OIT, para abordar el muy mal llamado tema “peores formas de trabajo” (que tal como insistimos, no son “peores formas” sino crímenes que debe ser abordados como tales). Una vez más se reunirán entre los que se sienten los "salvadores" del planeta, para decidir por nuestros pueblos. El despliegue (y derroche) de dinero que se da en este tipo de eventos es muy alto, pero - al igual que en anteriores oportunidades - al no estar convocados los actores centrales sobre los que pretender decidir (como son las organizaciones de niños, niñas y adolescentes trabajadores), todos los acuerdos que puedan emitir volverán a ser desencajados de la realidad. Y al intentar ser aplicados - también con sumas cuantiosas de dinero - volverán a fracasar, tal como ya lo hemos visto con los famosos planes de erradicación de trabajo infantil que la OIT ha impuesto en nuestros países. Por ello, será muy importante que los representantes de gobiernos alternativos, como son los de Ecuador, Bolivia, Paraguay, con un profundo sentido de inclusión y justicia, puedan exponer sus criterios exigiendo a la OIT y UNICEF, el respeto por la soberanía de cada país y profundo reconocimiento por la diversidad cultural que enriquece a nuestros países latinoamericanos y más cuando se está en proceso de construir un nuevo paradigma: EL BUEN VIVIR”.

EL EJEMPLO DE DIALOGO DEL PRESIDENTE CORREA

73 betuneros -entre niños y adultos- que ejercen su oficio en los alrededores de la Plaza Grande de Quito, fueron invitados por el presidente Rafael Correa, a compartir un almuerzo con él, el lunes 13 de abril. Kevin Caracas, de 12 años de edad, quien se dedica a betunar zapatos y se reunió con el Primer Mandatario, ve como positiva cualquier propuesta, pues “el trabajo que realizamos en la calle es duro y sacrificado, ya que hay mucha competencia; la gente no valora nuestro trabajo y muchas veces ni nos pagan”, se quejó. El niño también pidió que les ayuden con parasoles porque trabajan bajo sol y lluvia. “También quisiéramos un banco para lustrar mejor los zapatos”, concluyó.

Ante los pedidos de los lustrabotas, Correa declaró que el precio del servicio de betunado sería de US$ 0,50 centavos. Es decir, US$ 20 centavos más de lo que cobran actualmente. Los pequeños trabajadores pidieron que se legalice su trabajo como betuneros ya que lo necesitan para aportar en sus hogares destaca El Comercio en su edición del 14 de abril.

Al respecto, María de Lourdes Portaluppi, subsecretaria de Protección Familiar del Ministerio de Inclusión Económica y Social (MIES), indicó que desde el 2007 están trabajando con el colectivo.
El objetivo de la institución en el 2010 es “erradicar el trabajo infantil peligroso de las calles y que los menores de edad retomen sus estudios”.

Para lograr aquello, la funcionaria explicó que identificarán las necesidades sanitarias a través de un carné que entregará el Ministerio de Salud Pública (MSP) para controlar las vacunas, nutrición y desarrollo de los chicos.

La funcionaria añadió que en el área de educación la cartera de Estado y el Instituto de la Niñez y la Familia (INNFA) están entregando becas de US$ 70 para educación básica y US$ 90 para estudios universitarios. Portaluppi resaltó que los niños y jóvenes lustradores deben inscribirse en centros educativos fiscales en donde son gratuitos los estudios, uniformes y alimentación.
“Las becas son para compensar algunos rubros y para que la madre no mande a trabajar al niño. Las ayudas serán temporalmente, ya que se hace un seguimiento a las familias”, señaló al diario El Telégrafo en su edición del 17 de abril.

La ministra de Inclusión Económica y Social (MIES), Ximena Ponce León, en declaraciones para EL CIUDADANO, dijo que tras el almuerzo que el Presidente de la República, Rafael Correa Delgado, ofreció a los betuneros de la Plaza Grande de Quito, la tarde del lunes 12 de abril, se comenzaron a definir acciones con el Ministerio de Educación y el Municipio capitalino para planificar las acciones a adoptar en favor de los niños y adultos betuneros. “Conversamos con Augusto Barrera y la ministra de Educación para ver programas específicos con Quito, entonces quedamos en coordinarnos, con la ministra Vidal, en el Gabinete y con el Alcalde, la próxima semana”, comentó la ministra.

“Hay que lograr la asociatividad de los chicos y presentar alguna propuesta al mismo MIES que tenemos ese financiamiento y también el asunto de becas escolares para que algunos chicos puedan regresar a estudiar el bachillerato, pero tienen que retornar en condiciones especiales porque ya son jóvenes que están fuera de la edad escolar, entonces eso es lo que hay que planificar con el ministerio de Educación”, finalizó la titular del MIES.

PARA NO CONCLUIR

En una reciente publicación de UNICEF a nivel regional, se subraya que “los niños tienen su propia perspectiva sobre el trabajo y esta puede ofrecer muy pocos puntos en común con los programas oficiales. (...) Los menores trabajadores pueden convertirse a menudo en los mejores portavoces de sus propios intereses. Hay más organizaciones establecidas por los menores trabajadores, que exigen una mejora en las condiciones laborales y en algunos casos defienden su derecho al trabajo.

En América Latina, los grupos organizados de menores que trabajan son cada vez más protagonistas de sus propios derechos. (...) La mera posibilidad de organizarse entre ellos para abordar su situación puede tener enormes repercusiones sobre el crecimiento y la auto confianza de los niños que trabajan. Al mismo tiempo, sus prioridades pueden entrar en conflicto con las metas oficiales, que hacen hincapié en la edad mínima necesaria para trabajar y la asistencia obligatoria a la escuela. Es importante que las autoridades locales no respondan de una forma intransigente, sino que colaboren muy estrechamente con las organizaciones infantiles para llegar a un consenso y formular programas y soluciones que sean compatibles con los mejores intereses a largo plazo de los niños y con su deseo de libre determinación [1]”.

La apertura al diálogo y el fuerte compromiso social que caracterizan los Gobiernos de Bolivia, Ecuador, Venezuela y Paraguay, demuestran un reconocimiento a la libre determinación de los sectores excluidos como son los Niños, Niñas, Adolescentes Trabajadores Organizados, como afirma UNICEF; la Organización Internacional del Trabajo OIT todavía tiene mucho que aprender…

Quito, miércoles 21 de abril de 2010



NOTA
[1]Ciudades para la niñez – Los derechos de la infancia, la pobreza y la administración urbana. UNICEF 2004

martes, 6 de abril de 2010

CUESTIONAMIENTOS DE LOS PUEBLOS INDIGENAS PREVIO A LA CUMBRE CLIMATICA

Experto asegura que el discurso en el país no tiene carácter científico y que es demagógico.

Emir Iskenderian Aguilera*

Plataformaenergetica.org (05/04/10).- En Cochabamba a fines de marzo pasado, 500 delegados de los pueblos indígenas y los movimientos originarios de Bolivia se reunieron dos días para elaborar una propuesta única dirigida a la Conferencia Mundial de los Pueblos Indígenas sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra, que se celebrará en Tiquipaya entre el 19 y 22 de abril. Creemos que están equivocando el camino antes de empezar.

Un error teórico conduce a un error político. Mientras esperamos a la constitución de un Tribunal de Justicia Climática”, al reconocimiento global de la Pachamama como sujeto de derecho, a la reducción del 50% de las emisiones de dióxido de carbono, o aquellos miles de millones de dólares de la Deuda Climática, mientras… queda menos tiempo para comprender y adaptarnos como sociedad a la verdadera realidad del clima: estamos entrando a un pico de frío de una nueva glaciación, fenómeno precedido por un breve período de calentamiento. ¬

Así es el clima de Gaia, con largos y milenarios fríos, algunos siglos de calor conocidos como los “óptimos climáticos” que se dan en períodos interglaciares. Y es justamente del clima de la Madre Tierra de lo que no se habló en la pre cumbre climática de los pueblos en Bolivia. El acuerdo previo alcanzado en dicho evento, tuvo como base de interpretación del comportamiento del clima, a un discurso ideológico burgués, no científico.

Fue llevando adelante por agentes inconscientes de rol que desempeñan como reproductores de la ideología dominante. Su aparato emisor matriz: el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) de la Organización de Naciones Unidas (ONU).

El falso discurso burgués sobre el supuesto cambio climático también se expresó – por ejemplo – en la frase de un dirigente indígena durante dicha Pre Cumbre: “El cambio climático alteró la naturaleza del medio ambiente al generar grandes cantidades de dióxido de carbono (CO2) que emiten las industrias de Estados Unidos, Asia y Europa”.

Esto es demagogia anticapitalista, a pesar de las buenas intenciones del emisor. Es ya sabido que la actividad volcánica de la Tierra y en el Mar, es la que emite mayor cantidad de gases y vapor a la atmósfera. El análisis de gases retenidos en muestras de hielo obtenidas a distintas profundidades en Antártida y Groenlandia ha permitido conocer la concentración de dióxido de carbono atmosférico durante los últimos 150 mil años.

Desde hace milenios que existen épocas con más dióxido de carbono en el ambiente que en la actualidad, salido de las constantes erupciones volcánicas en los miles de cráteres activos a lo largo de la Tierra y el Mar. En esos tiempos desde luego que no había industria capitalista contaminante.

Hay más de 1.500 volcanes activos en el mundo. Cada volcán en periodo de actividad puede verter a la atmósfera millones de toneladas de CO2. El Teide, volcán apagado, emite 7.800.000 toneladas al año, el Poás (en Ecuador) pasó de 45 toneladas diarias a unas 500 toneladas diarias en plena erupción. La tasa de emisión difusa de CO2 en el Irazú se estimó que pasaba 183 mil toneladas al año. Habría que multiplicar esta cifra por los miles de volcanes en calma o en actividad eruptiva.

Otro ejemplo del falso discurso climático fue una de las posiciones oficiales en el Evento, que planteaba: “Lo que genera el cambio climático es el modelo consumista, depredador que ahora vive el planeta”. Asumir esto como cierto es haber caído en el discurso de la clase dominante a la cual pretenden enfrentar, éstos han de estar conscientes del verdadero futuro climático y quieren encubrirlo.

Mejor que creamos en un estadio imposible de “óptimo climático permanente” con variaciones de algunos grados, e ilusamente hacernos suponer que podemos lograr un “cambio climático” con reducciones en emisiones de gases.

Se empeñan en esta batalla de las ideas para seguir especulando, para que las propiedades mantengan su valor y no colapsen los mercados o el precio de las acciones, ante la fría novedad. Así la opinión pública, los pueblos, no enfrentan la posibilidad de una caída abrupta y brutal de las temperaturas.

Hasta ahora, de lo que conocemos, ninguna de las alternativas ideadas por los movimientos sociales de Bolivia tiene un carácter científico como solución al problema que plantean. Es más, su planteamiento del problema tiene en sí un sesgo insalvable… creer que el calentamiento actual tiene causales y soluciones antrópicas.

Juzgar a la petroleras por impactos ambientales, suponer que la gran industria capitalista detendría sus emisiones pútridas a la mitad o frotarnos las manos de ansiedad ante el cobro de dólares, es conjeturar que tenemos mucho tiempo por delante y desconocer la actual coyuntura del clima global y las auténticas variantes que influyen en él: los astros, el mar, los volcanes, nuestro sol, el movimiento de la tierra.

Y por lo tanto, no abordamos el meollo del asunto: cómo sobrevivir como sociedad local y global, ante el impacto climático socio-ambiental del advenimiento infranqueable de un pico de frío en plena glaciación.

Pedir justicia, dinero o menos contaminación, a estas alturas, podría ser un error. Bolivia no tiene que repetir argumentos burgueses e imperialistas, repetir Copenhagen, la Cumbre de Rio, el Tratado de Kyoto. Lo importante ahora, tanto como la energía de subsuelo, lo son nuestros agricultores y médicos tradicionales, sus herramientas y conocimientos. Lo importante es viabilizar y garantizar a corto y mediano plazo un sistema de abastecimiento de energía, agua, alimentos y medicina a toda la sociedad.

Hogares y fábricas han de estar ubicados y construidos o mejorados para ser capaces de soportar inclemencias extremas. Conocimientos, agua, semillas y energía para los bolivianos y sus vecinos de la Abya Yala. Invertir esfuerzos para cuidar semillas originarias, fruto de la milenaria domesticación genética llevadas adelante por comunidades indígenas, tiene mil veces más valor inmediato y de largo plazo, que batallar pidiendo “al primer mundo” más dinero.

En rigor, no hay tal “cambio climático”. Ningún fenómeno climático llega a ser global. La energía se desplaza, si enfría en un lugar, calienta en otro. De hecho, es el calentamiento del Mar, no de la Tierra, lo que vivimos. Durante el pico de frío en una glaciación, el norte de la Abya Yala se vive una “Edad de Hielo”, mientras que en el sur, tendremos algo más parecido a una “Edad de Diluvio”. Estaremos agitados por el 30% de la energía del planeta que circula en la Corriente del Golfo, estacionada y aletargada a lo largo de las costas del Mar Atlántico, desde Brasil hasta el Caribe.

Si ha de hacerse un referéndum, que sea para determinar si decidimos, aunque sea por precaución, si debemos tomar medidas urgentes en ambos casos: por el breve período de calentamiento actual y el larguísimo frío cercano. Ello sólo sería una novedad revolucionaria en el debate mundial sobre el clima, en el que imperan los argumentos ideológicos de la ONU. Llevemos a México, a la Décimo Sexta Conferencia Climática de los países, argumentos nuevos y reales.

Hacer política en este sentido, sin considerar la historia del clima, sin advertir nuestras capacidades complementarias de abastecernos de energía y alimentos, traerá pronto como resultado un vagar sin rumbo en una solitaria estepa de hielos o aguas, sin fin.

El clima de la Tierra se comporta según sus ciclos naturales y vivimos sus alteraciones sin novedades en el tiempo geológico. Si en algo ha afectado la industria capitalista al clima, es en un micro nivel, muy local. A menor masa de bosque, mayor velocidad de viento y agua en el ambiente, y con ello, mayor erosión del suelo y menor refracción del calor y retención de humedad. Esta ley se aplica tanto a las grandes urbes capitalistas y su área metropolitana, como en tierras afectadas con monocultivos industriales.

El especialista Jabubiló Abdusamatov director del Observatorio Astronómico Púlkovo, o el periodista Luis Carlos Campos, son algunas de las fuentes de consulta que advierten sobre el ciclo en el que estamos inmersos. Este último, durante una entrevista en que se le pregunta: Afirma que el cambio climático conduce a una glaciación. ¿Podría concretar en qué se basa? Responde: “Me baso en ciencia. Me amparo en los ciclos solares que son los que rigen el clima y las temperaturas y no el C02 como nos venden los calentólogos, científicos que se basan en simulaciones por ordenador y hablan de calentamiento global. Especulaciones prefabricadas hechas para engañar y pedir dinero… Los ciclos solares son matemáticos. Hay manchas cíclicas que regulan el clima del sistema solar. Cuando desaparecen, nos enfriamos. Según los ciclos nos acercamos a una mini glaciación que empezará en 2012, en el inicio del ciclo solar 24. En 2030 entramos en el mínimo de Gleissberg, llegando al pico en 2080-90. Cuando esto pase nos congelaremos, como en el siglo XVII con el mínimo de Maunder: El Ebro se congelaba y había icebergs en Baleares”. También es consultable la Wikipedia, que ilustra profusamente al respeto de las glaciaciones en el planeta.

La eliminación del capitalismo no tiene nada que ver con los ciclos climáticos del planeta. Sin embargo nuestra sobrevivencia como sociedades, en este nuevo estadio del clima, sí tiene mucho que ver con el Modo de Producción dominante.

* Licenciado en Relaciones Internacionales

** Este es un servicio de la Plataforma de Política Energética, creada con la coordinación del CEDLA como un espacio permanente, plural y abierto a todos, para compartir información, generar conocimiento y promover el debate público sobre los temas fundamentales del sector energético

martes, 2 de marzo de 2010

Calor Glacial, Luis Carlos Campos

El autor de Calor Glacial te contestó en el chat 20-02-2007

Luis Carlos Campos: 'A partir de 2012 la situación de frío puede empeorar'
Luis Carlos Campos, especialista en cambio climático y autor del libro Calor Glacial contestó “sin pelos en la lengua” en el chat de Terra. “En el 2030 nos acercamos a un bajón solar, llamado ‘Mínimo de Gleissberg’ en el que nos enfriaremos, el pico de frío será en el 2080-90” asegura. ¿Cuáles son las verdades que nos ocultan y quiénes nos mienten? Aquí tienes todas las respuestas.


Pregunta de MaDriZ - ¿Cuáles serán las consecuencias a corto plazo en España debido al cambio climático?Respuesta de Luis Carlos Campos, autor de Calor Glaciar - A corto plazo yo no veo grandes problemas ni por calentamiento ni por enfriamiento, aunque pueden seguir anomalías en el clima , inundaciones, incluso pequeñas olas de calor y de frío. A partir del 2012 iniciamos un ciclo solar y la situación puede empeorar hacia el frío. En el 2030 nos acercamos a un "bajón" solar, llamado "mínimo de Gleissberg" en el que nos enfriaremos, frente a la propaganda oficial. Según Bokov o Gleissberg el pico de frío será en el 2080-90. Según Abdusamatov, jefe de la estación espacial rusa, en 6 ó 9 años podemos estar en una miniglaciación. Con todo, España muy lejos del Polo Norte, por lo que no debería ser de las más afectadas. Los grandes cambios climáticos deben detectarse a la altura de Canadá.

Kamikace - Usted que es un gran conocedor del tema ¿qué es lo que más le preocupa?R - Sin ninguna duda, la desinformación. Los medios nos están vendiendo que llega un apocalipsis de calor, cuando miles de científicos especialistas solares, como Soon, Baliunas, Bokov, dicen todo lo contrario. Nos preparan para la sequía cuando yo digo que el problema puede ser el hielo y el frío. Informo a todo el mundo que las glaciaciones son abruptas, llegan de repente en 1 ó 2 ó 5 años. Los hemisferios Norte y Sur se cubren de hielo . En la última encontraron mamuts congelados de repente en Siberia así como manadas de dinosaurios en Montana. Lo de la película El día de mañana podría convertirse en realidad. Esto lo han dicho hasta especialistas como Bryden y Wadhams.

Picolo - El planeta se está calentando ¿es cierto?R - Sí, no lo niego. Es una media aritmética, pero sólo 0,6º ridículos e insignificantes grados. Es decir una miseria, que no justifica tanta histeria. Jamás se ha producido una catástrofe por medio grado, ni por 2 ó 3... Pero antes de las glaciaciones siempre hay un calentamiento. Las dos últimas se produjeron por el deshielo del Ártico, que hace que el exceso de agua dulce corte una corriente marina que nos calienta llamada "Corriente del Golfo". Si ésta se para, nos congelamos. En el siglo XVI hubo una miniglaciación que duró varios siglos, conocida como Pequeña Era Glacial, antes nos torrábamos de calor, se cultivaba la vid hasta en Inglaterra, lo que demuestra que este calentamiento es perfectamente, natural, cíclico y sobre todo inofensivo. Nadie se muere de calor, pero la gente se está muriendo de frío por miles en muchos sitios. Por ejemplo en la India y México, zonas tropicales o en Tasmania, al Sur de Australia ha nevado este invierno, pero eso no lo dicen "los papeles".

Dirty - ¿Estamos en un situación reversible?R - Por supuesto. Eso de que es irreversible es propaganda oficial. Además si todo es natural como digo yo, no hay mucho que hacer. Nadie ha demostrado que el hombre sea el causante del calentamiento por el exceso de C02 : todo son suposiciones. El informe que nos enseñaron de la ONU son 21 páginas, sin notas ni bibliografía en donde la palabra "probablemente" aparece 19 veces en la página 7 de la tabla de predicciones. Es un informe para "politiqueros", Summary for Policymakers, pone en el informe. Vamos para comer el coco a los políticos para que les suelten la guita para salvarnos por hipótesis a 100 años basadas en simulaciones por ordenador. Eso no son pruebas científicas.

Todo está politizado. Lo que quieren es montar otra oficina mundial llamada ONUMA, para salvarnos del peligro de medio grado y 18 cms... de subida de nivel del mar!!!. Y a Zapatero ya le han comido el coco y ya van soltar fondos millonarios para que estos políticos vivan tan ricamente asustándonos con vagas predicciones. Es como en la edad media que pagabas bulas para salvarte del infierno.

Que nadie se preocupe, no hay ningún peligro con el calentamiento y aumento de C02, el C02 es bueno para el crecimiento de las plantas y retrasa la glaciación, según Ruddiman. El C02 es bueno para el crecimiento de las plantes y retrasa la glaciación, según Ruddiman

Como dije es propaganda falsa, mediática. Según estudios de satélites Groealandia aumenta el hielo en 54 cms y se enfría en general, auque es cierto que algunas zonas costeras se deshielan con rapidez (algo lógico antes de una glaciación). El Polo Sur se enfría desde hace 30 años en general (Doran et al, 2002), sólo se deshielan algunas partes fuera del círculo polar por como explica, según su teoría del enfriamiento, que ¿los polos se estén derritiendo y que usa, Canadá y Rusia se estén ya repartiendo las rutas marítimas por el polo?

La prueba de que la histeria del calentamiento global es un bulo es que la Antártida se enfría, que es el barómetro de la tierra. Algunas zonas como la plataforma de Ross llevaban 6000 años derritiéndose y ahora mismo han cambiado el ciclo reverso y el hielo aumenta. En Groenlandia se alcanzó hace un par de meses -61 º en Summit, cerca del record de -67º. En 1985 en Vostok , Antartida, se alcanzaban -85º, y el récord mundial registrado es -89º.

Esto son datos, lo que nos cuenta la ONU es propaganda para pedir fondos y seguir con este mito mediático. Las zonas que deshielan en Siberia, siempre lo han hecho en Verano, y nadie se muere ni nada se inunda.

Goyo - ¿Qué quieres decir que la mano del hombre no tiene nada que ver?R - Nadie lo puede demostrar. El C02 humano es de solo 6000 ó 7000 millones anuales de toneladas, esto lo reconoce el informe de la ONU. Y en la atmósfera hay 750.000 millones de toneladas. Es poquísimo. El C02 en la atmósfera es de 379 partes por millón (ppm) y con los dinosaurios teníamos 6000 ppm o 7000 ppm ¿Quién contaminaba entonces?. Es una miseria el aumento de C02.

Además de esos 6000 millones la mitad lo absorben las plantas y placton de los océanos (lo chupan) y la otra mitad es de agricultura o ganadería (quema de bosques por ejemplo). Así pues quedan 1.500 millones, poquísimo. La tesis oficial es un dogma sin ninguna base científica. Es como si un millonario con 750.000 millones de euros se preocupa porque le roben 1.500... Sólo al respirar contaminamos más, 2.500 millones de toneladas al año (http://homepage.mac.com/uriarte/metabolismo.html).

Jaunea - ¿Qué medidas urgentes se deberían tomar para frenar en alguna medida éste cambio climático?R - Sí es natural, he dicho que poco se debe hacer. Lo primero es permitir a los científicos solares que hablan de enfriamiento y glaciación, que tengan voz en la ONU donde están todos censurados. En EE UU ya se están creando políticas de emergencia para una Era Glacial. Yo eliminaría, burócratas y oficinas de cambio climático y dedicaría ese dinero a luchar contra la contaminación. También los gobiernos deberían contemplar el escenario de enfriamiento abrupto como augura un Informe que hizo el Pentágono hace tres años.

Ninio_16 - ¿Dentro de cuántos años vamos a notar más el cambio climático? ¿Cómo?R - En el 2012 hay un nuevo ciclo solar, por lo que se pueden notar cambios globales. También los polos magnéticos del Sol van a variar y eso produce catástrofes. Curiosamente muchas profecías, como las mayas o hopis, hablan de grandes cambios a partir del 2012. Pero el cambio climático se nota ya. El clima está loco, que alguien me explique de donde vienen las extrañas olas de frío que comenzaron. Anfibios y abejas están desapareciendo en todo el mundo. Las ballenas quedan varadas en muchas playas... ¿por qué?, yo digo que porque se desorientan porque los polos magnéticos están cambiando, algo que se ha confirmado a poco de salir mi libro.

Woden - ¿Ha visto usted el vídeo de Al Gore sobre el cambio climático? ¿Qué opina?R - Sí, claro. Es un paranoico predicando en un púlpito. He dicho que las conferencias y el preestreno se lo paga ACCIONA para promover las renovables (contra las que no tengo nada). Cuando estuvo en el poder, no firmó Kioto. No concede entrevistas porque no sabe del clima y le cogen en paños menores. Fijaos que razones da para luchar contra el C02: porque su hijo tuvo un accidente de pequeño y porque una amiga suya se murió de cáncer de pulmón. Es un obseso, que lleva años dando el cante y ahora le hacen caso. Dice tonterías como (La tierra en juego, 1993) como que los niños llevan sombrero de ala ancha en Australia para protegerse del agujero de ozono.

El vacío de ideales de la izquierda, tras la caída del comunismo, ha sido sustituido por la nueva demagogogia ecologista, una nueva religión llamada Fundamentalismo Carbónico. Creen que culpando de todos los males de la tierra al C02 nos están salvando de la contaminación y están luchando por la “sostenibilidad”, otra entelequia creada por una política y médico (no climatóloga) de la OMS, Harlem Brundtland.

Axels - ¿Qué intereses hay en que los científicos digan que hay un calentamiento global y no realmente una glaciación que ya tenia que haberse producido hace unos cuantos años según varios expertos?R - Hay debate científico entre “calentólogos” y “enfriólogos”, entre modelistas en simulaciones por ordenador, los expertos de la ONU, y sus contrarios los especialistas solares. Ganan por goleada “política y mediáticamente” los de la ONU porque tienen las sartén de los medios cogida por el mango, los otros, los solares: los verdaderos científicos, son censurados y despreciados en todo los sitios.

Los oficialistas viven del cuento, de asustarnos con hipótesis inverosímiles todas basadas en simulaciones por ordenador, en donde no se tienen en cuenta parámetros capitales como los movimientos verticales del aire, ciclos solares, temperaturas nocturnas, nubosidad o dinámica oceánica. También falsifican gráficas, como una famosa conocida como Palo de Hockey de Mann, donde ocultaron el calentamiento medieval para que este pareciera mayor. Hay mucho dinero en juego en estudios y expediciones a la Antártida, unos 10.000 millones de $ anuales. Mientras a científicos solares como Soon o Baliunas les hacen paginas en internet acusándoles de "asesinatos en masa".

Kalimero - ¿Qué es lo que más contamina el planeta?R - Según Jaworowski, autoridad mundial, el C02 supone solo un 0,25 por ciento del total emitido. El metano también produce efecto invernadero. Hay teorías que dicen que las ventosidades de dinosaurios produjeron un cambio climático, porque emiten metano. Gracioso.

Yo no digo que las empresas no contaminen ni las defiendo ni defiendo a Bush, sólo digo que el hombre jamás ha producido un cambio climático y los hemos tenido brutales en la historia de la tierra con 5 grandes extinciones con glaciaciones precedidas por fases de calentamiento siempre. El gas por ejemplo produce efecto invernadero y eso es algo que promocionan Gore y los calentológos. Los primeros indicios se ven en el Ártico y el Polo Sur. En Canadá hay zonas donde la glaciación ha comenzado en el Sur de Ontario, según el geólogo Jack Sauers. En la Antártida la temperatura se enfría desde hace 30 años (Doran et al, 2002). En climatología 30 años es el periodo necesario para ver grandes tendencias. Los indicios ya se ven. El clima está loco y despendolado en todo el mundo, se suceden olas de calor, olas de frío y terremotos e inundaciones que están aumentando. La Corriente del Golfo es clave y se está debilitando mucho, tanto que Broecker. El máximo experto mundial, me dice en exclusiva en mi libro que en 100 años quizá se pueda parar y la ONU nos dice que llega una catástrofe por el calor.

Quiero recordar a todo el mundo que la ONU está politizada y que también hizo informes públicos diciendo que había armas escondidas en Irak. Y Blair hacía de Palmero. Ahora es lo mismo, todo lo que nos cuentan es falso: un Cuento Chino -el jefe del IPCC es un burócrata chino, Qin y el otro Pachauri es un economista trepa que no sabe nada del clima- que ninguna persona informada debería creer.

Detrás de todo este tinglado del calentamiento global que provocó el año pasado –40º en Moscú SÓLO HAY PARNÉ: el negocio de Kioto, un mercado de 200.000 millones de $ hasta 2012 –donde el C02 se vende como si fueran morcillas o coliflores-, unos 10.000$ anuales dedicados en estudios, y los 200.000 millones de $ que pide la ONU para salvarnos. El NERC, la enésima oficina abierta por Blair para salvarnos, de dónde ha salido el informe Stern que ha comido el coco a Zapatero, nos pide 9 trillones $. Y les han regalado 20 millones de libras para montar el chiringuito pseudocientífico.Los informes del IPCC y los calentólogos son como las bulas medievales: tu me pagas y yo te salvo del infierno. O si contaminas pagas en el mercado de Kioto y todo arreglado. Ahora los gobiernos sueltan guita como corderitos a estos científicos y burócratas inútiles para que nos salven de la subida del nivel del mar en 18 cms. dentro de 100 años. Demencial.

Terra Actualidad

miércoles, 3 de febrero de 2010

Para mayores de 40. Eduardo Galeano

Un artículo de Eduardo Galeano

(Para mayores de 40)

Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente sólo porque a alguien se le ocurre agregarle una función o achicarlo un poco.

No hace tanto, con mi mujer, lavábamos los pañales de los críos, los colgábamos en la cuerda junto a otra ropita, los planchábamos, los doblábamos y los preparábamos para que los volvieran a ensuciar.

Y ellos, nuestros nenes, apenas crecieron y tuvieron sus propios hijos se encargaron de tirar todo por la borda, incluyendo los pañales.¡Se entregaron inescrupulosamente a los desechables! Si, ya lo sé.

A nuestra generación siempre le costó tirar. ¡Ni los desechos nos resultaron muy desechables! Y así anduvimos por las calles guardando los mocos en el bolsillo y las grasas en los repasadores.

¡¡¡Nooo!!! Yo no digo que eso era mejor. Lo que digo es que en algún momento me distraje, me caí del mundo y ahora no sé por dónde se entra.

Lo más probable es que lo de ahora esté bien, eso no lo discuto. Lo que pasa es que no consigo cambiar el equipo de música una vez por año, el celular cada tres meses o el monitor de la computadora todas las navidades.

¡Guardo los vasos desechables!
¡Lavo los guantes de látex que eran para usar una sola vez!
¡Apilo como un viejo ridículo las bandejitas de espuma plástica de los pollos!
¡Los cubiertos de plástico conviven con los de acero inoxidable en el cajón de los cubiertos!
¡Es que vengo de un tiempo en el que las cosas se compraban para toda la vida!
¡Es más!¡Se compraban para la vida de los que venían después!La gente heredaba relojes de pared, juegos de copas, fiambreras de tejido y hasta palanganas de loza.

Y resulta que en nuestro no tan largo matrimonio, hemos tenido más cocinas que las que había en todo el barrio en mi infancia y hemos cambiado de heladera tres veces.

¡¡Nos están fastidiando! ! ¡¡Yo los descubrí!! ¡¡Lo hacen adrede!!

Todo se rompe, se gasta, se oxida, se quiebra o se consume al poco tiempo para que tengamos que cambiarlo.

Nada se repara. Lo obsoleto es de fábrica.¿Dónde están los zapateros arreglando las media-suelas de las Nike? ¿Alguien ha visto a algún colchonero escardando sommiers casa por casa?¿Quién arregla los cuchillos eléctricos? ¿El afilador o el electricista?¿Habrá teflón para los hojalateros o asientos de aviones para los talabarteros?Todo se tira, todo se desecha y, mientras tanto, producimos más y más basura.

El otro día leí que se produjo más basura en los últimos 40 años que en toda la historia de la humanidad.El que tenga menos de 40 años no va a creer esto: ¡¡Cuando yo era niño por mi casa no pasaba el basurero!!¡¡Lo juro!! ¡Y tengo menos de... años!Todos los desechos eran orgánicos e iban a parar al gallinero, a los patos o a los conejos (y no estoy hablando del siglo XVII)No existía el plástico ni el nylon.

La goma sólo la veíamos en las ruedas de los autos y las que no estaban rodando las quemábamos en la Fiesta de San Juan.Los pocos desechos que no se comían los animales, servían de abono o se quemaban. De 'por ahí' vengo yo.

Y no es que haya sido mejor. Es que no es fácil para un pobre tipo al que lo educaron con el 'guarde y guarde que alguna vez puede servir para algo', pasarse al 'compre y tire que ya se viene el modelo nuevo'.

Mi cabeza no resiste tanto.Ahora mis parientes y los hijos de mis amigos no sólo cambian de celular una vez por semana, sino que, además, cambian el número, la dirección electrónica y hasta la dirección real.

Y a mí me prepararon para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa y el mismo nombre (y vaya si era un nombre como para cambiarlo) Me educaron para guardar todo. ¡¡¡Toooodo!!! Lo que servía y lo que no.

Porque algún día las cosas podían volver a servir. Le dábamos crédito a todo.Si, ya lo sé, tuvimos un gran problema: nunca nos explicaron qué cosas nos podían servir y qué cosas no.

Y en el afán de guardar (porque éramos de hacer caso) guardamos hasta el ombligo de nuestro primer hijo, el diente del segundo, las carpetas del jardín de infantes y no sé cómo no guardamos la primera caquita.

¿Cómo quieren que entienda a esa gente que se desprende de su celular a los pocos meses de comprarlo?¿Será que cuando las cosas se consiguen fácilmente, no se valoran y se vuelven desechables con la misma facilidad con la que se consiguieron?

En casa teníamos un mueble con cuatro cajones. El primer cajón era para los manteles y los repasadores, el segundo para los cubiertos y el tercero y el cuarto para todo lo que no fuera mantel ni cubierto.

Y guardábamos.. . ¡¡Cómo guardábamos!! ¡¡Tooooodo lo guardábamos!! ¡¡Guardábamos las chapitas de los refrescos!! ¡¿Cómo para qué?! Hacíamos limpia-calzados para poner delante de la puerta para quitarnos el barro. Dobladas y enganchadas a una piola se convertían en cortinas para los bares.

Al terminar las clases le sacábamos el corcho, las martillábamos y las clavábamos en una tablita para hacer los instrumentos para la fiesta de fin de año de la escuela.

¡Tooodo guardábamos!¡¡¡Las cosas que usábamos!!!: mantillas de faroles, ruleros, ondulines y agujas de primus.

Y las cosas que nunca usaríamos. Botones que perdían a sus camisas y carreteles que se quedaban sin hilo se iban amontonando en el tercer y en el cuarto cajón. Partes de lapiceras que algún día podíamos volver a precisar.

Tubitos de plástico sin la tinta, tubitos de tinta sin el plástico, capuchones sin la lapicera, lapiceras sin el capuchón. Encendedores sin gas o encendedores que perdían el resorte. Resortes que perdían a su encendedor.

Cuando el mundo se exprimía el cerebro para inventar encendedores que se tiraban al terminar su ciclo, inventábamos la recarga de los encendedores descartables. Y las Gillette -hasta partidas a la mitad- se convertían en sacapuntas por todo el ciclo escolar. Y nuestros cajones guardaban las llavecitas de las latas de sardinas o del corned-beef, por las dudas que alguna lata viniera sin su llave.

¡Y las pilas! Las pilas de las primeras Spica pasaban del congelador al techo de la casa. Porque no sabíamos bien si había que darles calor o frío para que vivieran un poco más.

No nos resignábamos a que se terminara su vida útil, no podíamos creer que algo viviera menos que un jazmín.

Las cosas no eran desechables. Eran guardables. ¡¡¡Los diarios!!! Servían para todo: para hacer plantillas para las botas de goma, para poner en el piso los días de lluvia y por sobre todas las cosas para envolver.

¡¡¡Las veces que nos enterábamos de algún resultado leyendo el diario pegado al trozo de carne!!!Y guardábamos el papel plateado de los chocolates y de los cigarros para hacer guías de pinitos de navidad y las páginas del almanaque para hacer cuadros y los cuentagotas de los remedios por si algún medicamento no traía el cuentagotas y los fósforos usados porque podíamos prender una hornalla de la Volcán desde la otra que estaba prendida y las cajas de zapatos que se convirtieron en los primeros álbumes de fotos.

Y las cajas de cigarros Richmond se volvían cinturones y posa-mates y los frasquitos de las inyecciones con tapitas de goma se amontonaban vaya a saber con qué intención, y los mazos de naipes se reutilizaban aunque faltara alguna, con la inscripción a mano en una sota de espada que decía 'éste es un 4 de bastos'.

Los cajones guardaban pedazos izquierdos de palillos de ropa y el ganchito de metal. Al tiempo albergaban sólo pedazos derechos que esperaban a su otra mitad para convertirse otra vez en un palillo.Yo sé lo que nos pasaba: nos costaba mucho declarar la muerte de nuestros objetos. Así como hoy las nuevas generaciones deciden 'matarlos' apenas aparentan dejar de servir, aquellos tiempos eran de no declarar muerto a nada: ¡¡¡ni a Walt Disney!!!Y cuando nos vendieron helados en copitas cuya tapa se convertía en base y nos dijeron: 'Cómase el helado y después tire la copita', nosotros dijimos que sí, pero, ¡¡¡minga que la íbamos a tirar!!! Las pusimos a vivir en el estante de los vasos y de las copas.

Las latas de arvejas y de duraznos se volvieron macetas y hasta teléfonos. Las primeras botellas de plástico se transformaron en adornos de dudosa belleza. Las hueveras se convirtieron en depósitos de acuarelas, las tapas de botellones en ceniceros, las primeras latas de cerveza en portalápices y los corchos esperaron encontrarse con una botella.

Y me muerdo para no hacer un paralelo entre los valores que se desechan y los que preservábamos. ¡¡¡Ah!!! ¡¡¡No lo voy a hacer!!! Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables; que también el matrimonio y hasta la amistad son descartables.

Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas. Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero. No lo voy a hacer.

No voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron perenne. No voy a decir que a los ancianos se les declara la muerte apenas empiezan a fallar en sus funciones, que los cónyuges se cambian por modelos más nuevos, que a las personas que les falta alguna función se les discrimina o que valoran más a los lindos, con brillo y glamour.

Esto sólo es una crónica que habla de pañales y de celulares. De lo contrario, si mezcláramos las cosas, tendría que plantearme seriamente entregar a la 'bruja' como parte de pago de una señora con menos kilómetros y alguna función nueva. Pero yo soy lento para transitar este mundo de la reposición y corro el riesgo de que la 'bruja' me gane de mano y sea yo el entregado.

Hasta aquí Eduardo Galeano

lunes, 25 de enero de 2010

Participación infantil ante el desafío de la diversidad cultural

Participación infantil ante el desafío de la diversidad cultural

Manfred Liebel & Iven Saadi
Academia Internacional (INA) en la Universidad Libre de Berlín

1 Introducción
Hoy en día, la participación de niñas y niños es considerada un objetivo deseable en todo el mundo. De hecho, constituye un indicador para determinar, hasta qué punto se toma en cuenta y respeta a los niños como sujetos con derechos propios, con dignidad propia y para saber cuál es realmente el nivel de influencia que se les permite tener en su entorno de vida, en la sociedad y también en contextos internacionales en el momento de tomar decisiones y establecer procedimientos que a ellos les afecten. Las organizaciones de la ONU como p.ej. el UNICEF y diversas ONGs que se empeñan en la promoción de la participación infantil suelen fundamentarse en los así llamados derechos de participación que establece la Convención de los Derechos del Niño (CDN). En muchos países fuera de Europa y América del Norte, la resistencia y el escepticismo frente a estos derechos son considerables. Los defensores de los derechos de participación de niñas y niños son acusados de despreciar las culturas locales, sus relaciones y jerarquías generacionales, de actuar con espíritu misionero o con intenciones neocoloniales a fin de imponer un concepto “occidental” de infancia y de los Derechos del Niño. El presente trabajo es un intento para desenmarañar todas estas controversias y de esta manera contribuir a un acuerdo sobre lo que es la participación infantil. Para tal efecto, nos basamos en las siguiente dos premisas: 1. Las sociedades “occidentales” y las organizaciones e individuos que a ellas pertenecen no tienen el monopolio para definir qué es infancia, qué son los Derechos del Niño y qué es la participación infantil. 2. Respecto a la participación de niñas y niños, en todas las sociedades y culturas – tanto “occidentales” como “no occidentales” – existen puntos que se pueden retomar pero también situaciones que requieren ser modificadas.1 Lo que nos interesa particularmente, es la pregunta de qué actividades de niñas y niños son consideradas legítimas en los diferentes conceptos de participación.

1 Cabe señalar que la distinción ”occidental“ – ”no occidental“ puede ser problemática. Pues sugiere que se trata de dos grupos sociales o culturales fundamentalmente diferentes pero homogéneas en su interior y que existen de manera separada uno del otro. Evidentemente, en la realidad no es así: no son ni homogéneos ni libres de la influencia de otras culturas. Asimismo, generalmente, las personas basan su actuar cotidiano en elementos de diferentes culturas. De igual manera, el distintivo “no occidental” es una categoría global negativa que surge exclusivamente de la demarcación de lo “occidental” (véase Hall 1992). Por lo tanto, en el presente trabajo, ambos términos se utilizarán solamente en el sentido heurístico de que ciertas características relevantes para el concepto de participación y Derechos del Niño se articulan más dentro o más fuera de Europa y América del Norte. También es necesario recordar que la pretensión de tener validez universal de ciertas ideas nace de una posición de predominio y que ésta influye en la implementación concreta de dicha pretensión. Entonces, al analizar las ideas y los conceptos, debemos tener presente en todo momento que al contemplar la “otra” cultura, es decir la cultura “ajena”, las personas siempre tenderán a estilizarla de acuerdo a sus propias normas, lo que significa que siempre hay cierta tendencia de distorsión de la cultura “ajena”.

Para comenzar, estudiaremos el concepto de la participación bajo aspectos semánticos y compararemos varios conceptos y objetivos para luego problematizar ciertos aspectos del discurso “occidental” de la participación. La segunda parte del presente trabajo se refiere a la participación infantil específicamente y tratará la relación con diferentes jerarquías 2
generacionales. Asimismo, debatiremos diferentes variantes de la práctica participativa con y de niños. Finalmente, nos abocamos al tema de la participación política.

2 La participación en general

2.1 Aspectos semánticos
La comunicación intercultural sobre el tema de la participación se tropieza, en primer lugar, con un problema semántico (que por falta de conocimientos de la gran variedad lingüística global no podemos tratar más a detalle). El término “participación” viene de lat. pars o partis y particeps.

En las lenguas modernas de origen europeo (por lo menos en inglés, francés, castellano, italiano, portugués y alemán) tiene significados similares, pero es probable que en lenguas no europeas no existan términos que impliquen los mismos significados. Hoy en día, tanto la lingüística como la etnología sostienen que “la formulación de ideas no es un proceso independiente sino que la gramática de la lengua influye en ella. Las personas comprenden e interpretan el mundo de acuerdo a las estructuras básicas que les provee su lengua materna” (Recknagel 2005, p. 263).

Es por eso que los fenómenos aparentemente similares pueden llegar a ser percibidos y valorados de manera muy diferente de acuerdo a la lengua que hablen las personas. Por consiguiente, refiriéndonos a la comunicación intercultural, nos parece que en vez de buscar términos semánticamente equivalentes a alguna palabra – p.ej. participación en castellano o participation en inglés (véase p.ej. Mason & Bolzan 2010) – sería mejor observar lo más objetivamente posible las prácticas de niños y adolescentes de diferentes edades, buscar la expresión que las describen en la lengua local (también en el lenguaje de los jóvenes) y analizar los significados que ésta encierra. En todo ello, es importante la reflexión autocrítica, pues todo concepto de participación es específico de acuerdo a la cultura – también el reflejado en la CDN.

A un nivel exclusivamente semántico en el sentido de su origen etimológico, no es posible determinar el significado de la palabra participación. La gama de significados que transporta este término va de “oídos abiertos” por las preocupaciones de otros hasta auto-organización. Es cierto que – al igual que la palabra empoderamiento – el término participación suele ser comprendido como algo positivo. Sin embargo, sería erróneo identificar estas expresiones como “buenas” simplemente pues a nivel discursivo también pueden englobar objetivos no reflexionados y/u objetivos que van en contra de una sociedad democrática. La participación puede ser activa o pasiva, voluntaria o forzada, puede darse sin haber sido planeada u ocurrir con intenciones manipulativas. Por definición, las formas activas y enfocadas en asuntos precisos apuntan a determinados fines y objetivos. Sin embargo, un sujeto puede participar en algo sin tener una intención preestablecida. Cualquier persona que escuche, ame, sea creativa o simplemente viva su vida, siempre participa o toma parte, pero no necesaria persigue algún objetivo con ello. Ahora bien, cuando se establecen objetivos éticos, la participación puede llegar a tener un matiz moral.

En resumen, podemos señalar que por lo general, el término participación se asocia con objetivos positivos y deseables, pero las personas pueden participar también en actividades abominables y con fines despreciables.

Esta vaguedad del término participación permite que englobe un amplio abanico de significados e intereses diferentes y hasta contradictorios. Apoyándonos en el etnólogo francés Claude Lévi-Strauss, podríamos decir que participación es una palabra “con significado flotante” (véase Anderson 1998, p. 574). El término adquiere un significado más 3
específico sólo si conocemos los objetivos a los que con él se apunta – siendo que en todo ello, ha de tomarse en cuenta siempre el contexto y las condiciones bajo las cuales se establecen estos objetivos. Finalmente, podemos decir que la participación puede tener lugar en diferentes campos de acción y áreas de la vida (p.ej. familia, público) y que puede referirse a objetivos, personales, privados, sociales, económicos o políticos - objetivos que, por cierto, en la vida real muchas veces no son estrictamente separables unos de otros.

2.2 Objetivos y conceptos diferentes
Bajo el aspecto de los objetivos, nos parece que lo más adecuado es diferenciar entre un concepto instrumental o utilitarista de participación (participación como medio) y un concepto basado en los derechos, transformador y emancipador (participación como objetivo) (véase Theis 2007).2
2Sobre esta diferenciación, vease también Cornwall (2008, p. 274) y White (1996). Ambas autoras sostienen que lo decisivo para los resultados concretos de las instancias de participación no son solamente los objetivos de aquellos que inician la participación.

3Según Theis (2007) y West (2007), estas formas utilitaristas de participación con niños son practicados con frecuencia p.ej. en China y en Vietnam.

Hablamos de una comprensión instrumental o utilitarista de participación cuando se recurre a ella para hacer más efectiva alguna medida, involucrando a los afectados en la planificación para que así se identifiquen más con la medida. O cuando el objetivo es mejorar el rendimiento convirtiéndolo en un asunto personal. Vemos que en este concepto de participación, lo que cuenta no es más que la “utilidad”. Por lo tanto, se la “aplica” solamente mientras genera esta utilidad. Actualmente, esta forma de participación no sólo está presente en estrategias empresariales de producción, sino que la encontramos también en muchos proyectos reformadores en áreas como el trabajo social, la planificación urbana o la política de desarrollo. Su objetivo es, en primer lugar, aumentar el grado de identificación y reducir las resistencias y la oposición. En relación a los niños, este tipo de participación se practica, por ejemplo, en las escuelas para mantener atentos a los niños que están “hartos” de la escuela y para motivarlos a esforzarse más, también para prevenir conflictos con niños “difíciles”. Otro ejemplo es cuando en las planificaciones de la política comunal, se espera lograr mayor eficiencia haciendo partícipes a los niños o cuando se considera que su participación se constituye en una ventaja “innovativa” en la competencia intercomunal. Un concepto similar de participación es cuando personas adultas crean “organizaciones infantiles” con el fin de movilizar a los niños o de lograr determinados objetivos preestablecidos a través de ellos; en estos casos, el hecho de conceder a los niños cierto margen de acción propio en “su” organización, no significa que la participación no sea instrumental o utilitarista.3 Un indicio del uso instrumental o utilitarista de participación es cuando se habla de “hacer participar” o de “incluir o involucrar” a personas en general o a niñas y niños en particular.

Ahora bien, es fundamentalmente diferente el concepto de participación que la comprende como un derecho que tienen todas las personas – independientemente de si es útil para alguien o no.

En ocasiones, esta visión de participación es justificada con argumentos de la “teoría democrática”. Concibe la participación como un elemento inherente al sujeto actor y que amplía su margen de acción y lo protege de ser degradado a un mero objeto. La Convención de los
Derechos del Niño concede este derecho también a los niños – aunque de manera restringida, pues es sujeto a su grado de “madurez”. La comprensión de la 4
participación como un derecho se basa en un concepto de ser humano según el cual es del interés de toda persona, y toda persona es en principio capaz de hacer uso de este derecho.

La visión de participación que se basa en los derechos generalmente apunta a fomentar la emancipación y la igualdad de derechos. En este sentido, pretende aportar a la democratización de la sociedad y de las relaciones sociales. Quiere decir que tiene también una función transformadora cuyo fin es lograr ciertos cambios (de las estructuras) sociales y políticas. Sin embargo, para poder determinar si este concepto de participación realmente ayuda a la emancipación y a la igualdad de derechos, es necesario saber cuáles son los intereses de fondo y las condiciones de ejecución concretas. Sólo así es posible determinar si las personas realmente pueden hacer uso de su derecho a la participación y si ésta tiene sentido para ellas. Los enfoques de participación basados en las teorías de la democracia, a menudo descuidan las condiciones de vida y los intereses concretos. Así, en el caso de los niños, suelen limitarse a invocar el sentido de la “democracia” para ellos como (potenciales) ciudadanos o tienden a entender la participación como un medio pedagógico o político-educativo para “formar” a ciudadanos “buenos” y “competentes.”

Vemos que ni los enfoques de participación instrumentales ni los basados en teorías democráticas pueden pretender que no instrumentalizan a los niños para fines heterónomos.

Por lo general, se contempla la participación desde la perspectiva del individuo, ya sea en el sentido de ampliar su margen de acción y de experiencia o en el sentido de su instrumentalización. Sin embargo, si analizamos el sentido semántico con la debida apertura, podemos pensar en la participación también desde el punto de vista de un grupo o de la sociedad, sin que se tenga que entender necesariamente de una manera instrumental o utilitarista. En este sentido poco usual hasta el momento, participación significaría también ser parte de un “todo” más grande. Y esto es aplicable para cualquier sujeto cuya vida tenga lugar en una sociedad. Sin embargo, es necesario analizar cómo se regula esta relación y cómo se la percibe. En todo caso, entendido de esta forma, el término participación podría ser utilizable también para culturas no occidentales.

2.3 La problemática de los conceptos de participación “occidentales”
Si comprendemos la participación como un derecho individual, debemos preguntarnos cuál es el concepto de la relación entre individuo y sociedad. Así, existe por ejemplo, el concepto liberal que surgió en la época del racionalismo europeo y con la sociedad burguesa y que sugiere que el individuo debe entenderse en un sentido “individualista”, es decir que existe frente a la sociedad, pero de manera separada de ella y que “nada tiene que ver” con ella. En este entender, el individuo sería un ser a-social que se une con otros sujetos sólo posteriormente, de manera “artificial” y de acuerdo a “normas legales”. El filósofo alemán Leibniz (1646 a 1716) fue uno de los defensores de ese concepto, pues entendía al individuo (“mónadas”) por su mera existencia y la sociedad como suma de todos los individuos. “Bajo la influencia del liberalismo, de la teoría de la libre competencia, nos hemos acostumbrado a ver la mónada como algo absoluto, algo existente por sí solo” (Institut für Sozialforschung 1956, p. 42).

Sin embargo, (aún en las visiones occidentales) hay varios conceptos de la relación entre individuo y sociedad que contradicen este enfoque liberal-individualista. No conciben el individuo como “última unidad” o una especie de átomo que ya no puede ser subdivido más, 5
sino que lo consideran un ser social que es parte de la sociedad siempre y que es afecto a ella. “Si el ser humano existe fundamentalmente a través de otros similares, si sólo por estos otros es lo que es, entonces lo que lo define no son en primer lugar su indivisibilidad y su singularidad, sino el hecho de necesariamente formar parte del otro y por su capacidad de comunicarse. Antes de ser individuo, el ser humano es semejante, es prójimo; antes de vincularse consigo mismo explícitamente, se vincula con otros; es un instante en el todo de las relaciones, antes de – tal vez – algún momento poder definirse a sí mismo” (ibid., p. 42). Por lo tanto, la sociedad como “el todo“ siempre está comprendida también en el individuo, al igual que, a la inversa, el todo no podría existir ni tendría sentido sin seres humanos vivos.

Ahora bien, tomando en serio estas reflexiones, vemos que la relación entre individuo y sociedad puede adquirir formas y significados diferentes y entenderse en un sentido positivo o negativo: podemos comprenderla como pertenencia (positivo = +), como estrangulación y control social (negativo = -), posibilitación (+), (auto)compromiso (+/-), coerción (-), sumisión (-), compensación de una constelación de poder (+), etc.. Ser libre de algo se define como solamente negativo, es decir que tiene una perspectiva vacía. La pregunta es: ¿libre para qué? ¿libre en relación a qué? ¿o contra quién? ¿contra qué?

Ahora bien, el “todo“ en el sentido de sociedad, comunidad, etc. debe entenderse siempre desde una perspectiva histórica y como algo con una estructura interna. Siempre somos parte, pero la posición que ocupamos en este “todo” puede variar: podemos tener o no tener poder, podemos ser reconocidos o menospreciados. Cuánto más equitativo y abierto sea o se conciba el “todo”, menos opresión, coacción o sumisión conlleva. Llevado al extremo, esta concepción puede llevar a la negación de la sociabilidad, tal como ocurre, p.ej. en los mensajes neoliberales.4 Sin embargo, el otro extremo también es posible: el individuo es “devorado” por la sociedad, es decir que es ignorado totalmente en sus características personales, en sus necesidades e intereses. Sucede así, p. ej., en el lema fascista de que la “Volksgemeinschaft“ (“comunidad del pueblo”) es todo, el individuo no es nada.

4 La ex Primera Ministra británica Margaret Thater, una ferviente defensora del neoliberalismo, lo expresó así:“There is no such thing as society.“ (“Algo como sociedad no existe.“)

Ahora bien, nuestra propuesta es entender la participación tanto como un modo de individualización (más libertad) como también de socialización (más pertenencia) y poner especial atención en la relación que puede haber entre ambos modos. En este sentido, podemos comprender la participación como una posibilidad u oportunidad del individuo de ganar mayor margen de acción, más poder e influencia en una sociedad “inequitativa” y “no libre” (liberación, empoderamiento), pero también como posibilidad u oportunidad del individuo de escapar de una posición marginal y de lograr más reconocimiento social y mayor “pertenencia” (inclusión, tener-parte). De hecho, en vez de pensar en categorías de “o esto o lo otro”, deberíamos poner la mirada en las interdependencias. Ser autónomo solamente, puede significar también estar solo, sentirse abandonado e inútil. El ser humano necesita relacionarse con otras personas, es decir que necesita la “participación”. Así, los niños trabajadores en países del Sur se sienten orgullosos de poder ayudar a su familia (sentimiento de pertenencia, de reconocimiento, de solidaridad mutua), pero al mismo tiempo, casi siempre insisten en disponer ellos mismos del dinero que han ganado (autonomía, libertad individual).

Al hacer un análisis comparativo en cuanto a las culturas, es importante evitar calificar los diferentes conceptos o las prácticas de participación de históricamente avanzadas o retrógradas.

En este sentido, aquellas teorías modernizadoras o desarrollistas que 6
consideran las sociedades “modernas “ como “desarrolladas” o “avanzadas”, tratando de hacerlas ver como ejemplo, modelo y norma para las sociedades “tradicionales”, no sirven. De lo que se trata es de comprender las diferentes prácticas y los conceptos de participación con su significado inmanente y su importancia para las personas que viven en la sociedad en cuestión – en nuestro caso para la etapa de la vida o el grupo etáreo que llamamos “infancia”.

3 Participación infantil

3.1 Edades
A diferencia del tema de la participación en general, un análisis comparativo de la participación infantil en diferentes culturas requiere de supuestos adicionales sobre la posición específica, el estatus que tienen niñas y niños frente a los “adultos” en la sociedad, en las constelaciones generacionales, en el modo en que la sociedad practica o concibe la reproducción (ampliada) (“desarrollo”) de la sociedad.5 De hecho, estas concepciones específicas de lo que es la infancia son fundamentales para la manera en que se conciben la participación y los espacios sociales que son considerados legítimos para la participación infantil (véase Thomas 2007, p. 206 f. y p. 215).

5 Las categorías “niños“ y “adultos“ están interrelacionadas y se refieren una a la otra; sólo tienen sentido si se distingue estrictamente entre dos etapas o grupos etáreos.

Todas las sociedades humanas dividen el proceso del desarrollo y el envejecimiento de las personas en diferentes fases que, por lo general, tienen alguna denominación. Pero mientras que en las sociedades occidentales actuales, la infancia es vista como una fase especial de la vida que es fundamentalmente diferente de la etapa de la adultez, existen numerosas sociedades no occidentales en las que niñas y niños son considerados como parte integral del todo y toman parte en las actividades de los “adultos”. Para estas sociedades, no existe una “infancia” en especial como en las culturas occidentales, pero sí conocen estructuras etáreas que, en algunos casos, son más diferenciadas que la simple distinción entre niños (adolescentes) y adultos.

Generalmente, las edades de la vida no se clasifican en años, y las personas no se categorizan según su edad, sino según su estado físico y su capacidad/habilidad para realizar ciertas tareas.

Así, en las culturas sudamericanas de los quechuas y los aymaras, los niños no son vistos como una especie particular que se distingue de manera fundamental de los adultos, sino que son considerados “personas pequeñas” (véase Rodríguez Roca 2001; PRATEC 2003; PRATEC 2005).

Ahora bien, a pesar de estas reglas generacionales específicas en las diferentes culturas, es de suponer que niños y adultos tienen intereses y puntos de vista diferentes en tanto que los niños son relegados a una posición de impotencia o inferioridad (véase Alanen & Mayall 2001). Si este es el caso, en necesario que los adultos adopten una nueva visión de los niños o, dicho de otra forma, que las personas “grandes” miren a las “pequeñas” de otra manera. Hablando de las diferentes formas de participación, esto nos lleva a la necesidad de preguntarnos para cada una de ellas hasta qué punto se toman en cuenta los intereses y puntos de vista de niñas y niños. Si consideramos necesario ampliar la participación infantil, no se trata de interferir en las estructuras de una determinada cultura, sino de dar la misma importancia a los intereses de adultos y niños, de darles el mismo valor. Pues los niños 7
también forman parte de la sociedad y es por eso que deben tener la posibilidad de influir en la organización de la misma según sus intereses.

En este sentido, entendemos la participación como un derecho que tiene la niñez, muy independientemente de si los ordenamientos de los Estados lo prevean o establezcan así. Este concepto no está en oposición al hecho de que en algunas culturas, se espera que los niños participen en los asuntos de la sociedad y asuman cierta responsabilidad. Ahora bien, si la participación es considerada un “derecho” o una “obligación”, depende de las reglas que tenga la cultura o sociedad al respecto y de si se las diferencia de manera explícita. En el caso de niñas, niños y adolescentes, depende – entre otros – de la comprensión que exista de los diferentes grupos o fases etáreos y de la posición, de las funciones, responsabilidades, libertades, etc. que son consideradas adecuadas para ellos, es decir de las constelaciones generacionales. Así, es posible, por ejemplo, que los niños asuman bastante responsabilidad y participen ampliamente en los sucesos sociales sin tener el derecho explícito de hacerlo. A la inversa, puede ocurrir que los niños tengan amplios derechos, pero que la participación que verdaderamente tengan en la vida social sea mínima.

Con el reconocimiento y la aceptación general del concepto de los Derechos Humanos y las convenciones y los tratados internacionales correspondientes, en todo el mundo se han establecido principios normativos que fijan derechos y obligaciones mutuas. Sin embargo, este modelo muchas veces se limita al nivel del Estado (nacional) y a las relaciones entre Estado y “ciudadanos/as”. En el caso de los Derechos del Niño, las reglas pueden traer más protección, reconocimiento, libertad o participación para niñas y niños, pero también pueden generar restricciones específicas de su libertad de acción y de su participación que pueden llegar a su exclusión o marginación total. Esta situación se refleja, por ejemplo, en las normas sobre edades mínimas para la práctica activa de ciertos derechos, tareas y responsabilidades (p.ej. el derecho al sufragio o algunas normas de protección infantil).

En lo que sigue, trataremos de mostrar que en muchas sociedades y culturas consideradas “subdesarrolladas” o “retrógradas”, la participación infantil adopta formas diferentes y que incluso puede ser más “amplia” que en las sociedades así llamadas desarrolladas o avanzadas.

Estas explicaciones revelarán que el concepto de participación reflejado en la CDN no necesario es el más apto para captar las diversas prácticas de participación social infantil empíricamente observables. En nuestro análisis, nos concentramos, en primer lugar, en aspectos económicos y políticos6, preguntando hasta qué punto la CDN realmente es apta para facilitar y fortalecer la participación infantil.

6 Entendemos la participación política no sólo como la participación formal (p.ej. derecho al sufragio) a nivel de Estado, sino también como la influencia formal o informal en decisiones en todas las áreas de la vida, p.ej. en asociaciones o en el trabajo. En cuanto a la participación económica, la comprendemos como la asunción de tareas y funciones que sean vitales para la conservación y el desarrollo de la sociedad y los miembros que la componen.

3.2 Variantes y niveles de participación
Los derechos de participación establecidos sobre todo en los artículos 12 a 15 y 17 de la CDN se basan en el concepto de derechos individuales que tiene el niño en el sentido de ser escuchado y de poder opinar. Pero los niños son considerados seres que viven separados del mundo adulto y que recién se encuentran en proceso de convertirse en un adulto (pleno). Asimismo, su derecho a opinar se limita a “asuntos que afecten al niño” de modo que 8
excluye totalmente cualquier responsabilidad política o económica. En realidad, los derechos de participación se restringen a dos “aspectos principalmente: ser consultados y tomar decisiones.

Esto reduce la participación de la actuación en general a un mero hablar, pensar y decidir (…)

Definir la participación primordialmente como influir y tomar decisiones, forma parte de la conversión general del actuar al hablar dispuesta por el mundo desarrollado minoritario (Alderson 2008, p. 79; cursivas del original). Por lo tanto, en procesos económicos vitales no está prevista la participación “actuante”, ni tampoco la asunción de responsabilidad política en la comunidad.

Ahora bien, en muchas culturas (“no occidentales”), los niños son percibidos como miembros integrales de la comunidad con características específicas pero cuya vida no transcurre al margen de la existencia de los miembros “adultos” de la comunidad. Es más, de acuerdo a sus habilidades (que por cierto, no necesariamente se definen por la edad cronológica), se espera de niñas y niños que asuman ciertas tareas importantes para la comunidad. Pueden ser tareas sociales, económicas o también políticas, p.ej. en el trabajo en la chacra, en el hogar y hasta cargos públicos en la comunidad.7 Asimismo, (p.ej. en algunas regiones de África occidental y oriental, también en los Andes de Sudamérica) muchas veces existen reglas que otorgan a niñas y niños ciertos bienes específicos (chacras, animales domésticos), por ejemplo como herencia en vida de los padres o como aporte de la comunidad. Cabe señalar que no se trata de “propiedad” privada que puede ser dispuesta de cualquier forma sino de propiedad social (véase Liebel 2003, pp. 116-119). Ahora bien, podemos entender estas expectativas y reglas como una condición para la participación pero también como una forma de participación – sin que sea denominada de esta forma ni se trate de un derecho individual. En lo que se refiere a la posición y el poder de influencia de los niños en la sociedad, estas reglas pueden ir más allá de lo que el Occidente entiende bajo participación, puesto que los niños son considerados miembros responsables de su comunidad.

7 Ejemplo: en Curva, una comunidad quechua con 1.600 habitantes en los Andes bolivianos, resultó elegido como Vocal Mayor (“jilaqata”) Fausto Tejerina Chisuso de 12 años. Significa que por un año, Fausto fue la autoridad más alta del pueblo, respetada por todos los habitantes, hasta en asuntos personales.

La responsabilidad principal del Vocal Mayor exige organizar las faenas y las celebraciones relacionadas con las tierras. Fausto comenta: “Me gusta participar…, me tratan bien. En las reuniones escuchan mi opinión y la ponen en consideración, generalmente me hacen caso” (cit. sg. Protagonistas, ed. DNI Bolivia, no. 16, 2002, p. 5). Se tiene reportes de casos similares también de otras comunidades rurales de Bolivia y Perú. Desde aprox. los siete años de edad, niñas y niños se hacen cargo de diferentes tareas; son considerados “manos y pies” de la comunidad y se dice que tienen un especial sentido para la naturaleza extrahumana y que protegen, por ejemplo, la siembra en las chacras (véase Brondi 2009).

Como oposición a estas formas de participación podemos mencionar la idea de que los niños deben obedecer incondicionalmente a los mayores (especialmente a los que los alimentan y mantienen), servirles y someterse totalmente a sus decisiones. Este concepto también es usual en muchas culturas no occidentales. Así, en África occidental y oriental, las relaciones intergeneracionales suelen estar marcadas por la ética del dominio. Y es mediante esta ética que se definen los roles sociales y económicos de nos niños. “Varios estudios de campo realizados en sistemas sociales africanos han revelado que existe una especie de pegamento que une a las personas. Este pegamento está contenido en el respeto hacia los padres y es reforzado por la ética del dominio. (…) Todos los niños nacen y se van internando en este sistema en el cual sus roles sociales y económicos están más o menos predeterminados” (Rwezaura 1998, p. 59).

Existen descripciones similares de la situación en África occidental 9
antes y después de la colonia (véase Twum-Danso 2005 & 2010). Y también en Asia Central y del Sur, los niños suelen ser considerados sobre todo como “propiedad de los adultos, como receptores pasivos cuya obligación es obedecer a sus padres, profesores y a personas mayores, respetando todo lo que éstos digan” (O’Kane & Karkara 2007, p. 136). En estas sociedades, los niños no pueden contradecir a una persona mayor o pedir alguna explicación o justificación de su conducta o sus decisiones. Este tipo de relaciones generacionales puede ser calificado como paternalista o autoritario.

Apoyándonos en la división de participación en actuar y hablar como la ha indicado Alderson y como la mencionamos más arriba, podríamos comprender estas reglas de participación de la siguiente forma: los niños participan en las acciones de la sociedad, pero quedan al margen cuando se trata de hablar y decidir sobre los contenidos y las condiciones de su actuación. Esta situación no sólo es totalmente incompatible con cualquier tipo de participación infantil que se basa en la voluntad propia de niñas y niños, sino que además, atenta contra la dignidad de los niños, pudiendo incluso poner en peligro su vida.

Sin embargo, cabe manifestar también que el respeto de los menores hacia los mayores que se recalca y exige en muchas culturas no occidentales puede tener significados que se escapan de este veredicto. Pues respeto no necesariamente significa sumisión a otras personas, sino que se refiere también al reconocimiento de tradiciones y saberes que estas personas representan.

Vemos que entendido en este sentido, el respeto no sólo se refiere a personas sino que incluye la convivencia amigable con el entorno natural y las bases vitales. En última instancia, este concepto de respeto apunta a la convivencia “armónica” que se caracteriza por el sentido de la unión, por el cariño y el reconocimiento mutuo también frente a niñas y niños (para la región de los Andes sudamericanos véase p.ej. PRATEC 2005, pp. 161-162).

Algunas de estas normas y prácticas son contradictorias, y pese a ello, es posible que coexistan paralelamente en una misma realidad social, una cultura o sociedad, que se entrecrucen, que algunas valgan solamente para determinadas áreas (p.ej. familia, vida pública)8 o tengan matices diferentes para hombres y mujeres. De la misma manera, hay que diferenciar entre normas y derechos por un lado y la práctica real por otro, y es necesario analizar hasta dónde los conceptos específicos de participación o su contrario tengan que ver con las estructuras de poder y hasta qué punto buscan cambiar o conservar estas estructuras. La participación no es transformativa por sí sola, sino que puede tener también un fin integrador o conservador del poder.

8 Véase la diferenciación de diferentes áreas y alcances de la participación económica y política dentro de una sociedad o comunidad en Girling (1960), que la demuestra en la etnie de los acholis de Uganda.

Para ilustrar cuán diferentes y hasta contradictorias pueden ser las relaciones entre jóvenes y mayores y la posición social de la niñez al interior de algunas sociedades y culturas no occidentales, analizaremos dos ejemplos de África y Asia.

Las etnias tigrinya y saho viven en Eritrea (África). Tienen la norma general de mantener a niñas y niños fuera de cualquier conversación sobre asuntos importantes o problemáticos. “La participación de los niños en asuntos familiares o de la comunidad depende de si el contenido del tema/de la conversación podría llegar a incomodarlos o confundirlos (…). Los entrevistados creen que presenciar disputas entre sus padres o vecinos, hace que los niños desarrollen sentimientos de rechazo y de hostilidad. (…) Los niños pueden participar en los debates y en las reuniones de la comunidad cuando llegan a la adolescencia” (Woldeslase et 10
al. 2002, p. 30, cit. sg. Fleischhauer 2008, p. 77). En cambio, en las etnias tigre y hedareb que viven en el mismo país, “niñas y niños tienen muchas oportunidades para participar en asuntos familiares y de la comunidad. Así, se les permite escuchar y aportar con ideas propias al debate entre padre y madre. También, se valora positivamente cuando un niño hace, por ejemplo, una sugerencia sobre el cambio del área de pastoreo o cuando expresa su opinión respecto a qué animales deben ser vendidos o trocados. (…) Los niños varones son invitados a participar en los debates de las asambleas de la comunidad. Todo eso se hace con la intención de formar al niño en todos los asuntos de la familia y de la comunidad y de proveerlo de toda la información que puede necesitar” (ibid.).

Como segundo ejemplo, mencionamos a los refugiados de Bhutan que viven en comunidades de la India (véase Evans 2007). Al contrario de los conceptos occidentales de infancia que hacen hincapié en la vulnerabilidad de los niños, la comunidad de refugiados butaneses los ven como actores competentes que contribuyen de manera fundamental al bienestar de la familia y de la sociedad. El material etnográfico disponible (véase Hinton 1996 y 2000) revela que los niños refugiados butaneses desempeñan un rol importante en el sustento de la familia ampliada.

Generan ingresos que son vitales para la familia, p.ej. trabajando en canteras, fabricando o reparando sillas. En cuanto a las tareas del hogar y de la familia, son especialmente las niñas quienes asumen tareas importantes desde muy pequeñas. Van a buscar agua, cuidan a hermanos menores, cocinan, limpian, etc.. Niñas y niños son reconocidos como un elemento clave para la cohesión de la familia. A nivel privado, los niños – pero especialmente las niñas - apoyan a los adultos tanto psíquica- como también socialmente, pues se encargan de importantes tareas en el hogar y de los hermanos más pequeños. Así, en temas de salud “no sólo se escucha su opinión, sino que también se les asigna ciertas funciones” (Hinton 1996, p. 101). Aún así, “pese a su dependencia de las habilidades y capacidades de los niños, la comunidad butanesa no reconoce a niñas y niños como actores sociales plenos, excluyéndolos de todo proceso de decisión público. Si los niños participan en la vida público, sólo es a solicitud y previa autorización de los adultos. De esta manera, se distingue entre sus habilidades y responsabilidades en la vida familiar y su capacidad de participar en el manejo del campamento o de los servicios” (Evans 2007, p. 181).

Esta situación genera críticas cada vez más fuertes entre los miembros jóvenes de la comunidad, pues consideran que sus aportes a la vida diaria no son valorados y reclaman mayor participación “política”.

3.3 Participación infantil política
En este capítulo, queremos concentrarnos en la pregunta de qué formas se puede comprender la participación política de niñas y niños. Es considerado un logro especial el hecho de que, mediante los derechos de participación que por primera vez se concede a los niños, la CDN haga posible su participación en procesos políticos. Sin embargo, es menester analizar si la forma en que se conciben estos derechos, realmente hace justicia al rol que en la realidad desempeñan niñas y niños como actores en los diversos contextos políticos, sociales y culturales. Es cierto que el art. 12 de la CDN establece el derecho general de los niños de ser escuchados en todos los asuntos que les afecten. Pero en la práctica, son muy pocos los indicios que nos harían pensar que este derecho se entienda como una participación política plena (véase Hinton 2008, p. 287). De hecho, la interpretación predominante de los derechos a la participación política establecidos por la CDN se basa en el concepto de infancia occidental que supone que los niños todavía no son aptos para la vida política y que hay que prepararlos poco a poco, de modo que el poder que se les concede está sujeto a “condiciones establecidas por adultos” (John 1995, p. 106; también John 2003). Por consiguiente, lo que generalmente se hace es crear proyectos y modelos de participación específicos que se distinguen claramente de la actuación política de los adultos y que se realizan o deben realizarse al margen de ésta de modo que no tienen ningún impacto real sobre la comunidad política

Se trata, entonces, de un concepto de participación “política” bastante “específico” para niños en forma de una “relación de enseñanza-aprendizaje” (Wyness et al. 2004, p. 84) que impide ver el autoconcepto y la actuación política de la niñez que, muchas veces, tiene lugar en medio de la vida de una sociedad o un grupo social de “adultos” y, a menudo, nace de la iniciativa propia de los niños. Así, cuando por ejemplo, los niños participan en movimientos de protesta o de revolución políticos, esto no es visto como una forma de participación política sino, sobre todo o exclusivamente, como una tendencia negativa y un peligro para los niños. “Muchas ONGs y numerosos científicos se lucen con críticas poco calificadas de la participación de niñas y niños en movimientos políticos. Pues implícitamente o explícitamente, su crítica se basa en el supuesto de que los niños sólo pueden ser víctimas y no actores; que sólo otros pueden hacer algo con ellos, pero que ellos no pueden hacer nada (Peterson & Read 2002, p. 226). Anne-Marie Smith (2007) es la autora de uno de los pocos estudios recientes que toman en cuenta esta crítica. Su trabajo se refiere a la participación de niñas y niños en un movimiento de protesta de la comunidad indígena de los loxichas en el Estado mexicano de Oaxaca.9

9 Existe un estudio similar anterior sobre al movimiento de protesta en otra comunidad indígena de México realizado por Yolanda Corona Caraveo y Carlos Pérez (2000; véase también Corona Caraveo, Pérez & Hernández 2010). El psicólogo estadounidense Robert Coles (1986) fue uno de los primeros en reivindicar la participación infantil en procesos políticos mostrando los significados políticos de su pensamiento. Según Coles, el hecho de que los niños no tengan el derecho a sufragar, no significa que no tengan nada que ver con la vida política y que ésta no les afecte.

Anne-Marie Smith se ha concentrado en analizar cómo veían y mostraban los medios de comunicación la acción de los niños y cómo la sometían a un discurso que distorsiona el significado de su actuación y su autoconcepto. Así, le llamó la atención el hecho de que los medios informaban sobre las manifestaciones, incluso recalcando la acción violenta de la policía - pero de la participación de niñas y niños ni una sola palabra. “Con esto no pretendemos en absoluto sugerir que los niños deberían ser acosados por la policía, sino resaltar su invisibilidad en esta lucha política. Así, su participación no sólo está subsumida en las actividades de los adultos, sino que no encaja en ninguna forma aceptable de ‘participación infantil’” (Smith 2007, p. 183). La política y la resistencia son aspectos fundamentales de su infancia, y a pesar de ello, la presencia de niñas y niños en los actos fue - en el mejor de los casos - reportado como un hecho lamentable.

Recalca Smith: “Los elementos combinados de acción, felicidad, libertad y flexibilidad que caracterizan la vida de los niños presentan un reto a los conceptos de niñez prevalecientes; este reto requiere de una atención total si en verdad hemos de tomar en serio a los niños y lo que éstos hacen” (ibid., p. 184).

Al parecer, la participación infantil política sólo obtiene reconocimiento y aprobación oficial cuando tiene lugar en contextos predefinidos por ONGs o el Gobierno. Pero cuando la actividad de los niños va más allá de estas formas previamente delimitadas, el debate sobre la participación simplemente no la toma en cuenta. “Los niños de Loxicha no son parte de un grupo de niños conformado con la finalidad de darles poder o de promover su participación; 12
no asisten a reuniones estratégicas, no tienen ‘agendas’, no planean acciones de protesta, los adultos que los rodean no les han dado un título ni una función (por ejemplo, como ‘líderes de grupo’ o ‘jóvenes Miembros de Parlamento’), y no han sido politizados según un formato especificado o dirigido por la acción. Han crecido en un ambiente políticamente cargado, en el que las protestas, las marchas, los plantones, las fotografías para la prensa y las huelgas de hambre son parte de su niñez” (ibid., p. 185). Es por eso que sólo podemos comprender la multifacética vida de los niños y la dimensión política de su actuación, si la analizamos mediante un concepto abierto de infancia que se sustente en las realidades locales. Los conceptos normativos de infancia que generalmente predominan en los programas de ayuda y en las representaciones de los medios son contrarios a esta visión abierta y hacen imposible relacionar el discurso de los Derechos del Niño con su vida real.

Para los niños loxichas, el hecho de trabajar, de aportar a la economía familiar, asumir responsabilidad por el cuidado de hermanos menores o participar en manifestaciones políticas, no es nada extraordinario en su vida. Tampoco definen estos roles como algo que tiene lugar entre los mundos establecidos de la infancia y la adultez. Posiblemente, esto tiene que ver con el hecho de que los niños no ven la infancia como una etapa de la vida que está claramente delimitada de la adultez. Otra explicación es, según Smith, que las actividades de los niños sólo parecen “extraordinarias” si las vemos desde el punto de vista normativo e inflexible de los adultos. Lo cierto es que hasta el momento, los que llevan el debate sobre “quiénes” son los niños, “qué” es la infancia y “cómo” deben participar los niños en la sociedad son exclusivamente los adultos.

Los niños de Loxicha “no encajan en una categoría de investigación clara como la de ‘niños de la calle’ o ‘niños que trabajan’. Se mueven entre mundos distintos: son niños indígenas provenientes de un hogar rural, pero que ahora se mueven en un ambiente urbano; están desplazados como resultado de una situación de violencia política; participan en una lucha cotidiana por el reconocimiento de los derechos de su comunidad zapoteca; van a la escuela; alimentan y cuidan a sus hermanos menores, y a veces trabajan. No entran dentro de los criterios de la mayoría de las ONGs locales para ser incluidos en sus programas. Sin duda puede argumentarse que la participación de los niños de Loxicha en las marchas y plantones no constituye ‘activismo político’: ciertamente no según el modo adulto de entender este término.

La pregunta que esto plantea es que si no es ‘reconocible’ para los adultos y no se la puede ‘categorizar´, entonces, ¿no ‘cuenta’?” (ibid., pp. 208-209).

Para Anne-Marie Smith, la forma en que los niños loxichas participan en la lucha política de su comunidad es menospreciada y desvalorizada porque no encaja en los criterios de los expertos de lo que es una “bonita” participación, especialmente en los que generalmente manejan las ONGs. Smith concluye:
“Las vidas de los niños de Loxicha en Oaxaca presentan claramente un ‘tipo’ de participación infantil no contemplada por la CDN y sus ideales. No cabe esperar que se reconozcan los roles políticos que los niños pueden desempeñar en la promoción de los derechos de los niños, en particular en el seno de los debates sobre su derecho a participar. Sin embargo se están escuchando sus voces y se están incorporando sus puntos de vista en muchas áreas de toma de decisiones, lo cual habría sido inconcebible a principios del siglo XX. Tal vez sea el momento de que las ideas sobre la participación infantil vayan más allá de la visión actual, la cual, si bien ha abierto territorios hasta ahora inexplorados a muchos niños y jóvenes, sigue estando cuidadosamente contenida dentro de parámetros impuestos por los adultos en lo 13
que se refiere tanto a los conceptos como al lenguaje y a las definiciones” (ibid., pp. 210-211).

Vale decir lo mismo cuando se trata de conductas “inadaptadas” o “divergentes” de niñas y niños. El sociólogo británico Brian Milne (2007) ha indicado que cuando se trata de niños y adolescentes, con mayor preferencia se recurre a la distinción entre “buenos” y “malos ciudadanos”. Así que, los “buenos ciudadanos” son, por ejemplo, aquellos niños que sin mayores protestas cumplen con su escolaridad obligatoria o que observan las normas de comportamiento y cumplen cabalmente con las exigencias en cuanto a rendimiento. En cambio, los “malos ciudadanos” son las y los niños que “hacen novillos”, que “pintarrajean” las paredes con grafitis o que “vagabundean” por las calles “haciendo tonterías”. A propósito de la participación política de los niños, Milne sostiene que es importante interpretar como expresión de una voluntad política de los niños aún las acciones que van en contra de las normas y evaluar su legitimidad en relación a las posibilidades de influencia que la sociedad les ofrece. Esto implicaría no restringir el posible sentido político y la legitimidad de la participación solamente a las palabras sino también a las acciones que los niños emprenden” (véase también Liebel 2006, pp. 34-36).

4 Conclusiones y perspectivas
La pregunta es si los derechos de participación que establece la CDN realmente son capaces de transmitir la asunción de responsabilidad económica y – en menor medida también política – que es común en muchas culturas no occidentales. Es necesario aplicar con sentido crítico la idea de participación que presenta el art. 12 de la CDN (derecho a ser escuchado cuando se toman decisiones), pues caso contrario, existe el peligro de subestimar o dejar al margen muchos enfoques de participación infantil que tienen lugar en la esfera política y económica. Si queremos captar y comprender las diversas dimensiones de participación en las diferentes sociedades y culturas, no nos queda otra que abrir más el concepto que tenemos. Por lo tanto, es necesario manejar y desarrollar de manera intercultural y autoreflexiva la CDN, es decir que los derechos de participación de los niños deben ir más allá de la visión occidental. Sin embargo, para ello, son necesarios dos pasos: Las sociedades “occidentales” deben problematizar su concepto de infancia como una fase de vida dependiente y que transcurre al margen de la vida de los adultos (inclusión y emancipación de los niños), y las sociedades “no occidentales” que conocen formas de participación que, en ocasiones van más allá del concepto “occidental”, deben comprenderla también como un derecho infantil y arraigarla como tal (niños como sujetos de derechos).10
10 Basándose en sus experiencias en la India, Pullen Joseph Lolichen (2009, p. 135 sgte.) anota: “Los niños participan en muchas arenas, por ejemplo en casa, en la escuela, en el trabajo y en la comunidad. En su calidad de miembros de estas entidades, están integrados en el funcionamiento y las actividades de éstas, lo que forma parte del proceso de socialización de los niños. Cada familia, cada escuela, cada lugar de trabajo y cada comunidad define – en base a sus predeterminaciones sociales y culturales – la naturaleza y el alcance de esta participación. Pero muy raras veces, se vincula estos actos de participación con la creciente capacidad de los niños de influir en procesos de decisión y de formar parte de ellos. Esto es aplicable también a muchos procesos dirigidos o iniciados por ONGs y en los que ‘participan’ niñas y niños. Por definición, no se trata de una participación infantil basada en derechos.“

De lo que no hay duda, es que debemos tener mucho cuidado y mucha cautela para evitar que los conceptos occidentales de los Derechos del Niño individuales y específicos y las visiones de participación que en éstos se basan se conviertan en la norma general (tal como 14
muchas veces ocurre en ONGs de la política de desarrollo con sede en el Norte, que asignan con mucha precisión sus recursos a fin de imponer sus ideales de participación en países y sociedades supuestamente menos avanzadas). Aún en las sociedades occidentales mismas, la retórica de la participación se convierte en caricatura por la posición social y jurídica que ocupan los niños en la realidad (p.ej. predominio del derecho de los padres, marginación de los niños como actores en procesos legislativos y en la administración de justicia) y porque el poder de influencia que se concede a niñas y niños en temas y decisiones políticas y económicos en realidad es muy limitado.

La referencia a los derechos individuales y a la libre voluntad de los niños es socavada por la debilidad de la posición social que verdaderamente ocupan, es decir que los recursos (de poder) que tienen a disposición para hacer uso de sus derechos (a la participación) son muy pocos.

Consideramos que el hecho de que se niegue a los niños el derecho de opinar o de contradecir a una persona mayor – como es usual en algunas sociedades no occidentales – es un problema y debe cambiar. No obstante, a nuestro criterio, la crítica no debe surgir de una actitud de superioridad o generosidad “occidental”, sino que ha de fundamentarse en el respeto de las tradiciones (pues en algunos aspectos podemos aprender de ellas). Cabe recalcar también que el paternalismo y el autoritarismo no son cosa solamente de las sociedades (“tradicionales“ no occidentales), sino que son muy comunes aún en los ordenamientos jurídicos de las sociedades occidentales (“modernas”).11 De igual manera, el respeto que algunas culturas no occidentales exigen a los jóvenes frente a sus mayores y su obligación de asumir tareas “para la familia y para comunidades legalmente reconocidas” (véase African Charter on the Rights and Welfare of the Child) no necesariamente equivalen a paternalismo y autoritarismo, sino que más bien hacen hincapié en la solidaridad y la reciprocidad entre las generaciones, pudiendo muy bien significar respeto mutuo.

11 El Código Civil alemán (BGB § 1619) actualmente vigente señala manera explícita que los niños tienen la obligación de “servir a sus padres en el hogar y en sus actividades económicas en medida de sus fuerzas y de su posición en la vida”

Para hacer una estimación del posible alcance de la participación infantil y para elaborar las estrategias correspondientes, es necesario tomar en cuenta la posición social de los niños y la manera en la que las formas generales de economía condicionan o influyen en esta posición y en la forma en la que se trata a la al niñez. Probablemente, no será posible fortalecer la posición de los niños y lograr mayor participación suya sin que se realicen cambios en las estructuras sociales. En todo ello, no se trata solamente de “modernizar” las sociedades así llamadas “tradicionales”, sino que habrá que analizar cómo definir la equidad y la justicia social y cómo llevarlas a la práctica en las diferentes sociedades y en el mundo.

Asimismo, habrá que discutir si el discurso del protagonismo infantil que surgió en el contexto de los movimientos de niñas y niños trabajadores (véase Liebel 2007; Liebel & Martínez Muñoz 2009) podría abrir nuevas perspectivas para la participación infantil. De hecho, si entendemos participación no solamente como ser escuchado y opinar, sino como participación activa y cotidiana en procesos económicos y sociales vitales, efectivamente se perfilan nuevos horizontes para la posición de la infancia en la sociedad. Los movimientos de niñas y niños trabajadores articulan su propio concepto de protagonismo y reclaman el “derecho a trabajar”. En este concepto y este reclamo se combina el derecho a la autonomía de acción con la disposición o el derecho de asumir responsabilidad en la comunidad y en la sociedad (véase Liebel 2003). Por consiguiente, la participación infantil no es concebida como una forma específica de comunicación que se arregla de manera puntual a fin de 15
lograr ciertos objetivos específicos definidos por adultos para los niños, sino como elemento integral de la actividad cotidiana vital y significativa de los niños mismos. Ahora bien, esta actividad tiene que ver siempre con relaciones e interrelaciones, de modo que se trata de comprender y respetar a niñas y niños no sólo como actores ejecutivos sino como sujetos con actoría y derechos propios. Sea lo que sea lo que se entiende bajo participación, de lo que no hay duda es que tiene que ser voluntaria y basarse en el respeto mutuo.

16 Referencias
Alanen, Leena & Mayall, Berry (eds.) (2001). Conceptualising Child-Adult Relations. Nueva York: Routledge.
Alderson, Priscilla (2008). Young Children’s Rights. Exploring beliefs, principles and practice. Londres & Philadelphia: Jessica Kingsley.
Anderson, Gary L. (1998). Toward Authentic Participation: Deconstructing the Discourses of Participatory Reforms in Education, American Educational Research Journal 35(4), pp. 571-603.
Brondi, Milagro (2009). Niños indígenas, en Manfred Liebel & Marta Martínez Muñoz (coord.). Infancia y Derechos Humanos. Hacia una ciudadanía participante y protagónica (pp. 265-279). Lima: Ifejant.
Coles, Robert (1986). The Political Life of Children. Boston: Atlantic Monthly Press.
Cornwall, Andrea (2008). Unpacking ‘Participation’: Models, Meanings and Practices, Community Development Journal 43(3), pp. 269-283.
Corona Caraveo, Yolanda & Carlos Pérez Zavala (2000). Infancia y resistencia culturales. La participación de los niños en los movimientos de resistencia comunitarios, en Norma del Río (ed.). La Infancia Vulnerable de México en un Mundo Globalizado (pp. 127-145). México D.F.: UAM-UNICEF.
Corona Caraveo, Yolanda & María Eugenia Linares Pontón (coord.) (2007). Participación Infantil y Juvenil en América Latina. México D.F.: Universidad Autónoma Metropolitana & Valencia: Universidad de Valencia.
Corona Caraveo, Yolanda; Carlos Pérez & Julián Hernández (2010). Youth participation in indigenous traditional communities, en Percy-Smith & Thomas, pp. 141-149.
Evans, Rosalind (2007). The Impact of Concepts of Childhood on Children’s Participation: Case of the Bhutanese Refugee Camp, Children, Youth and Environments 17(1), pp. 171-197.
Fleischhauer, Johanna (2008). Vom Krieg betroffene Kinder. Eine vernachlässigte Dimension von Friedenskonsolidierung. Eine Untersuchung psychosozialer Intervention für Kinder während und nach bewaffneten Konflikten am Beispiel Eritreas. Opladen & Farmington Hills: Budrich UniPress Ltd.
Girling, Frank K. (1960). The Acholi of Uganda. Londres: Her Majesty's Stationary Office.
Hall, Stuart (1992). The West and the rest: Discourse and power, en Stuart Hall & Bram Giebens (eds.): Formations of Modernity (pp. 276-295). Oxford: Polity, in association with Open University.
Hinton, Rachel (1996). Health in Transition: The Bhutanese Refugees. Submitted in partial requirements for the degree of Ph.D. Cambridge: University of Cambridge.
Hinton, Rachel (2000). Seen but not Heard. Refugee Children and Models for Intervention, en Panter-Brick, Catherine and Malcolm Smith (eds.): Abandoned Children (pp. 199-212). Cambridge: Cambridge University Press.
Hinton, Rachel (2008). Children’s Participation and Good Governance: Limitations of the Theoretical Literature, International Journal of Children’s Rights 16, pp. 285-300.
Institut für Sozialforschung (1956). Soziologische Exkurse. Frankfurt a.M.: Europäische Verlagsanstalt.
John, Mary (1995). Children’s Rights in a Free-Market Culture, en Sharon Stephens (ed.). Children and the Politics of Culture (pp. 105-137). Nueva Jersey: Princeton University Press.
John, Mary (2003). Children’s Rights and Power. Charging up for a New Century. Londres & Nueva York: Jessica Kingsley.
Liebel, Manfred (2003). Infancia y Trabajo. Para una mejor comprensión de niñosy niñas trabajadores de diferentes culturas y continentes. Lima: Ifejant.
Liebel, Manfred (2006). Entre Protección y Emancipación. Derechos de la Infancia y Poiticas Sociales. Madrid: Universidad Complutense, Experto en Políticas Sociales de la Infancia.
Liebel, Manfred (2007). Paternalismo, participación y protagonismo infantil, en Corona Caravedo & Linares Pontón, pp. 113-146. 17
Liebel, Manfred & Marta Martínez Muñoz (coord.) (2009). Infancia y Derechos Humanos. Hacia una ciudadanía participante y protagónica. Lima: Ifejant.
Lolichen, Pullen Joseph (2009). Rights-Based Participation. Children as Research Protagonists and Partners in Mainstream Governance, en Julia Fiedler & Christian Posch (eds.). Yes, they can! Children researching their lives (pp. 135-143). Baltmannsweiler: Schneider Verlag Hohengehren.
Mason, Jim & Natalie Bolzan (2010). Questioning understandings of children’s participation: applying a cross-cultural lens, en Percy-Smith & Thomas, pp. 125-132.
Milne, Brian (2007). Do the Participation Articles in the Convention on the Rights of the Child Present US with a Recipe for Children’s Citizenship? En B. Hungerland, M. Liebel, B. Milne & A. Wihstutz (eds.). Working to Be Someone. Child Focused Research and Practice with Working Children (pp. 197-204). Londres & Philadelphia: Jessica Kingsley.
O’Kane, Claire and Ravi Karkara (2007). Pushing the Boundaries: Critical Perspectives on the Participation of Children in South and Central Asia, Children, Youth and Environments 17(1), pp. 136-147. Online: http://www.colorado.edu/journals/cye.
Percy-Smith, Barry & Nigel Thomas (eds.) (2010). A Handbook of Children and Young People’s Partici-pation. Perspectives from theory and practice. Londres & Nueva York: Routledge.
Peterson, Anna L. & Kay Almere Read (2002). Victims, Heroes, Enemies. Children in Central American Wars, en Tobias Hecht (ed.). Minor Omissions. Children in Latin American History and Society (pp. 215-231). Madison, Wisconsin: The University of Wisconsin Press.
PRATEC (2003). Huchuy Runa – Jisk’a Jaque. Concepciones quechuas y aymaras de la niñez. Lima: Proyecto Andino de Tecnologías Campesinas.
PRATEC (2005). Iskay Yachay. Dos Saberes. Lima: Proyecto Andino de Tecnologías Campesinas.
Recknagel, Albert (2005). Eine vielfältige Welt braucht vielfältige Schulen, en Bernd Overwien (ed.). Von sozialen Subjekten. Kinder und Jugendliche in verschiedenen Welten (pp. 261-276). Frankfurt a.M. & Londres: IKO.
Rodríguez Roca, Hilda (2001). Mundo de Vida de la Niñez Campesina. Cochabamba: Save the Children.
Rwezaura, Bart (1998). The Duty to Hear the Child: A View From Tanzania, en N. Welshman (ed.). Law, Culture, Tradition and Children's Rights in Eastern and Southern Africa (pp. 57-84). Dartmouth: Ashgate.
Smith, Anne-Marie (2007). Los niños de Loxicha, México: exploración de algunas ideas sobre la niñez y de las reglas de participación, en Corona Caravedo & Linares Pontón 2007, pp. 179-216.
Theis, Joachim (2007). Performance, Responsibility and Political Decision-Making: Child and Youth Participation in Southeast Asia, East Asia and the Pacific, Children, Youth and Environments 17(1), pp. 1-13. Online: http://www.colorado.edu/journals/cye.
Thomas, Nigel (2007). Towards a Theory of Children’s Participation, International Journal of Children’s Rights 15, pp. 1-20.
Twum-Danso, Afua (2005). The Political Child, en A. McIntyre (ed.). Invisible stakeholders: Children and War in Africa (pp. 7-30). Pretoria: Institute for Security Studies.
Twum-Danso, Afua (2010). The construction of childhood and the socialisation of children in Ghana: implications for the implementation of Article 12 of the CRC, en Percy-Smith & Thomas, pp. 133-140.
West, Andy (2007). Power Relationships and Adult Resistance to Children’s Participation, Children, Youth and Environments 17(1), pp. 123-135. Online: http://www.colorado.edu/journals/cye.
White, Sarah C. (1996). Depoliticizing Development: The Uses and Abuses of Participation, Development in Practice 6(1), pp. 6-15.
Wyness, Michael; Lisa Harrison & Ian Buchanan (2004). Childhood, Politics and Ambiguity: Towards an Agenda for Children’s Political Inclusion, Sociology 38(1), pp. 81-99.
Woldeslase, Wunesh; Mulubrha Berhe & Araya Belay (2002). Pilot Study on Indigenous Knowledge on Child Care in Eritrea. Asmara. 18
Fuente: Participación infantil ante el desafío de la diversidad cultural (con Iven Saadi).
Ponencia en 9th Conference of European Sociological Association, Lisboa, del 2 al 5 de
septiembre de 2009.